CC44 tareas – Angeles

Las tareas de los Ángeles

Si bien la grandeza y belleza de los santos Ángeles dejan entrever mucho de Dios, la manifestación de Su amor a través de la naturaleza del hombre y en la naturaleza del hombre constituye su culmen. En este camino de la revelación de Dios, que llega a su plenitud con la Encarnación de Su Hijo, han sido incluidos de una manera preeminente los santos Ángeles. Ellos están al servicio de toda la creación y de la obra salvífica de Dios, razón por la cual no pueden faltar en la consumación de la historia de la salvación. El autor de la carta a los Hebreos se pregunta: “¿Acaso no son todos ellos (los Ángeles) espíritus servidores, enviados a ayudar a aquellos que han de heredar la salvación?” (Hb 1, 14). ¡Nosotros nos daríamos cuenta de lo que perderíamos, en el momento en que los Ángeles cesaran de obrar! Nos debería invadir un profundo respeto y amor hacia estos eminentes espíritus, si reflexionásemos en que estos espíritus poderosos, plenos de enorme saber, están entregados con amor al servicio de los planes de Dios en favor de nosotros, pequeños hombres. Los santos Ángeles nos enseñan, primero que todo, a alabar y glorificar a Dios y unen nuestra pequeña adoración a su canto de alabanza. El papa Juan Pablo II describe esto con mucho énfasis: Además, por las Sagradas Escrituras nos enteramos de que “la protección de los hombres y el cuidado por su salvación es una tarea de los ángeles buenos. Esto lo hallamos expresado en diversos pasajes de las Sagradas Escrituras, por ejemplo en el Salmo 90/91: “Él (Dios) ordenó a sus Ángeles para que te guardaran en todos tus caminos. Ellos te llevan en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra”. Cierta vez que Jesús habló sobre los niños y advirtió de no causarles ningún escándalo, se refirió a sus Ángeles” (Mt 18, 10). De esta forma, atribuyó a los Ángeles una función de testigos en el juicio final de Dios sobre el destino de aquellos que reconocen o rechazan a Cristo. “Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los Ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los Ángeles de Dios” (Lc 12, 8-9; y también Ap 3, 5). Estas palabras son significativas, pues si los Ángeles participan en el juicio de Dios, entonces están interesados en la vida del hombre. Un interés y una participación es lo que se resalta particularmente, tal como se desprende de las palabras de Jesús sobre el final de los tiempos, en el que hace participar a los Ángeles también en la Parusía, en su vuelta definitiva al final de la historia” (Juan Pablo II, Catequesis del 6 de agosto de 1986). “Entre los libros del Nuevo Testamento, el de los Hechos de los Apóstoles nos da a conocer particularmente algunos hechos que dan testimonio de la manera como los Ángeles se preocupan por los hombres y su salvación. Así, un ángel de Dios libera de la cárcel a los Apóstoles (Hch 5, 18-20), y ante todo libera también a Pedro, que había sido amenazado de muerte por Herodes (Hch 12, 5-10). Es muy ilustrativo observar el cuidado con que el santo Ángel libera a san Pedro, a través de los mayores peligros (vigilantes, puertas cerradas). “O cuando un Ángel conduce y guía a san Pedro en todo lo que éste emprende en relación con el centurión Cornelio, el primer pagano convertido. Lo mismo podría decirse de lo que hizo Felipe en la vía que conducía de Jerusalén a Gaza. ‘Un ángel del Señor le dijo a Felipe: ¡Levántate y dirígete hacia el sur por la vía que conduce de Jerusalén a Gaza” (Hch 8, 26)! Felipe obedeció y encontró allí al tesorero de la reina de los etíopes, quien estaba leyendo al profeta Isaías, pero sin comprender lo allí escrito. Felipe, entonces, partiendo Los santos Ángeles se preocupan por el hombre y su salvación del pasaje que estaba leyendo el tesorero, comenzó a explicarle el Evangelio de Jesús. Así, la fe cristiana logró entrar, a través de aquel hombre tan influyente, en un país lejano. De esta manera, los santos Ángeles preludiaron la misión entre los paganos y contribuyeron activamente en la construcción de la Iglesia. Hoy en día no están menos activos tal como se mostrará en las posteriores cartas circulares.

“Con la ayuda de estos pocos y ejemplares hechos aquí mencionados se comprende que en la conciencia de la Iglesia pudiera surgir el convencimiento, de que a los Ángeles les ha sido confiado un servicio a favor de los hombres. Por esto, la Iglesia confiesa su fe en los Ángeles de la Guarda y los venera con una fiesta propia y nos recomienda confiarnos frecuentemente a ellos en la oración, por ejemplo, en las conocidas invocaciones al Ángel de la Guarda. Es como si tales oraciones se apropiasen de las hermosas palabras de san Basilio: “Cada uno de los fieles tiene a su lado un Ángel protector y guardián, que ha de conducirlo hacia la vida”. Los santos Ángeles, sin embargo, no están solamente ligados a los hombres y preocupados por ellos, sino también a toda la creación. Ciertamente, se encuentran detrás de todas las cosas creadas. El cardenal Newmann, tan importante para el pensamiento teológico moderno, escribió lo siguiente en el primer capítulo de la “Apología ‘pro vita sua’”, al referirse a la relación de los Ángeles con el mundo visible: “A la escuela de Alejandría y a la Iglesia primitiva supongo que debo pensamiento definitivo sobre los Ángeles. Yo los tenía no sólo como ministros empleados por Dios en la revelación judía y cristiana, como lo hallamos claramente en la Escritura, sino dirigiendo, como lo supone también la Escritura, la economía del mundo visible. Yo los miraba como las causas reales del movimiento, de la luz y de la vida, y de aquellos principios elementales del universo físico que, al ofrecerse en sus desenvolvimientos a nuestros sentidos, nos sugieren la noción de causa y efecto, y de las que se llaman leyes de la naturaleza. Expuse esta doctrina en mi homilía de la fiesta de San Miguel, escrita en 1831. Allí digo sobre los Ángeles: “Cada ráfaga de aire y rayo de luz y calor, toda bella perspectiva, son, por así decir, las orlas de las vestiduras, la ondulación de la ropa de aquellos cuyos ojos ven a Dios”. Pregunto también qué pensaría un hombre que, “al examinar una flor, una brizna de hierba, o una guija, o un rayo de luz, cosas que él trata como tan por debajo de sí mismo en la escala de la existencia, descubriera súbitamente estar en presencia de un ser poderoso que permaneciera oculto detrás de las cosas que estaba examinando; un ser que, escondiendo su sabia mano, estaba dándoles su belleza, gracia y perfección, como instrumento de Dios para ese fin; es más, un ser cuyo ropaje y ornamentos eran esos mismos objetos que tan ávidamente analizaba”. Y a ese propósito noto que “con corazones sencillos y agradecidos podemos decir con los tres jóvenes del horno de Babilonía “Obras todas del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y engrandecedlo para siempre”. Finalmente, aún una palabra del Santo Padre acerca de la veneración a los santos Ángeles: “El encuentro con los seres espirituales puros, realizado en la fe, constituye para el hombre una valiosa y preciosa revelación de su propia naturaleza, no sólo corporal, sino también espiritual, y de su incorporación a un plan salvífico verdaderamente maravilloso y activo con una comunidad de seres personales, que están al servicio de los planes de la divina Providencia a favor de los hombres y con los hombres” (Juan Pablo II, Catequesis del 6 de agosto de 1986).

Oración al Ángel de la Guarda: Santo Ángel de la guarda, el cuidado amoroso de Dios te ha destinado a ser mi compañero. Tú eres Su voz en mi conciencia: ¡Ayúdame a discernir con claridad! Tú eres Su mano que guía: ¡Permanece día y noche junto a mí! Tú eres Su brazo poderoso: ¡Lucha conmigo por Su reino! Amén.