CC46 Eucaristía -Union

El Pan del Cielo.

En el mundo moderno vivimos en la época de los medios de comunicación. Nunca en la historia humana fue tan fácil la comunicación como hoy. En cualquier momento podemos entrar en contacto con personas que viven mas allá del océano, en el otro lado del mundo. Los telescopios espaciales fornecen informaciones sobre otros planetas distantes de la tierra. También recibimos cada día y cada hora las noticias mas recientes que acontecen muy lejos de nuestra puerta. Vemos por la televisión muchas personas famosas, políticos, artistas, o personajes eclesiásticos y quizás pensamos que los conocemos. Mas será que realmente los conocemos?

Si queremos conocer una persona es indispensable el diálogo con ella y con certeza también es preciso saber algo de su pasado y de su historia, del ambiente y de la cultura en que creció, conocer un poco sus familiares, su ocupación, etc

“Amaos los unos a los otros” quiere decir también:

“comunicaos los unos a los otros”

Lo mismo debemos aplicar a nuestro relacionamiento con JESÚS, que está presente entre nosotros en la Santísima EUCARISTÍA. Pensamos que ya conocemos el misterio de la EUCARISTÍA, aprendemos en la catequesis que la Ostia consagrada está realmente presente JESUSCRISTO con cuerpo y alma, Sangre y D i v i n i d a d e.

Comulgamos frecuentemente y cantamos himnos y  cantos en honra del Santísimo Sacramento. Mas todo eso todavía no significa que realmente conocemos al Señor. Y de hecho este misterio es tan grande que nunca lo conoceremos a fondo.

Es un misterio Divino y ninguna mente, ni humana ni angelical lo puede preescrutar completamente.

“Conocer JESÚS Eucarístico a partir de su origen:

El viene del cielo!

Un medio para conocer mejor el Señor, contemplar “su origen”, de donde vino, quien es Su PADRE, Su Madre. Y así llegaremos a una realidad maravillosa: JESÚS viene del Cielo! Su PADRE es el propio DIOS, y por lo tanto EL es el verdadero hijo de DIOS, superior a cualquier potestad tanto celeste como terrestre, o sea mayor que todos los Ángeles (cf. Ef 1,10.20-23; Cl 1,16.20; 2,10; Hb 1-2). CRISTO es el centro del mundo angélico. Presente en la Eucaristía continua siendo el Señor de los Ángeles y consecuentemente los Ángeles son los siervos de Nuestro Señor Eucarístico. Ellos decidieron seguir el siervo de Yahvé para las profundidades de la tierra, diciendo con él: Nosotros “queremos servir”!

Tal disposición y humildad de los Ángeles nos estimula e invita a entrar en un coloquio con JESÚS frente a la Eucaristía, para conocerlo mejor, para saborear y ver como el Señor es bueno.

En el Antiguo Testamento leemos, que el pueblo de Israel durante su caminada por el desierto, recibió como alimento el mana, que también fue llamado “Pan del Cielo”, o “Pan de los Ángeles”. La tradición aplicó esto también al Pan Eucarístico: La Santa Comunión…denominada “Pan de los Ángeles” o “Pan del Cielo” (cf.Cat 1331). Y en el salmo 77,25 se reza: “los hombres comieron el “Pan de los Ángeles”, lo que se puede entender de varias maneras. Para reflexionar sobre eso, nos puede ayudar como comparación la siguiente historia:

“Los hombres comieron el pan de los Ángeles” (Sl 77,25)

En un aeropuerto, una señora iba a viajar, compró una revista y un paquete de galletas mientras esperaba que saliera su vuelo, buscó una silla desocupada y se sentó para leer tranquilamente. Poco después, un hombre se sentó al lado de ella.

Sucedió que cuando ella cogió la primera galleta, el hombre de al lado, también cogió uno. La señora quedo indignada, mas para evitar un escándalo fingió no ver. Su vecino, sin embargo, continuó en la misma actitud: a cada galleta que ella cogía, él hacia lo mismo.

Podemos imaginar que no fue fácil continuar la lectura. La Señora fingía que leía, mas su atención se concentró en el paquete de galletas, que de manera bien extraña se iba acabando. Una a una, las galletas fueron desapareciendo hasta que sobró apenas una. Ella pensó, será que él va tener el coraje de coger la última de mis galletas? Mas el hombre se mostró cariñoso y dividió la galleta que sobraba en dos partes, dejando la otra mitad para ella.

Finalmente llegó la hora de su viaje y sin mirar para su vecino desagradable, la señora cogió su revista y sus cosas y se dirigió al sector de embarque, aliviada por alejarse de aquel hombre mal educado.

Ya en el interior del avión, sentada confortablemente en su poltrona, miró dentro de su bolsa y para su sorpresa, ahí estaba el paquete de galletas, todavía intacto. Luego ella comprendió lo que había sucedido y sintió una inmensa vergüenza. Pues quien estaba equivocada era ella! Simplemente se comió las galletas de su vecino, y ya no había la posibilidad de disculparse.

En cuanto el avión ganaba altura, ella quedo pensando en aquel hombre tan tranquilo, que no le importó que una desconocida comiese parte de sus galletas, repartiendo hasta la última con ella, sin recibir ni la mas mínima señal de agradecimiento.

Aquel que es causa de jubilo para los Ángeles, ahora está en medio de nosotros, para alimentarnos con el Pan Celeste, conSigo mismo! Y deberíamos preguntarnos: No nos comportamos a veces de manera atrevida y ciega delante de un misterio que los mismos Ángeles desean contemplar (1 Pe 1,12)?

Porque la EUCARISTÍA es llamada “Pan de los Ángeles”

CRISTO en el cielo es el alimento de los Ángeles. Estos espíritus “se alimentan” de EL, cuando lo contemplan, llenos de admiración y amor. No hay quien contemple el SEÑOR y no quede fortalecido “abastecido”, entusiasmado. Acordémonos de los discípulos de Meaux, que estaban abatidos, sin esperanza y sin ánimo. Mas al ver a JESÚS y hablar con EL, principalmente al partir el Pan, todo cambió. Fue ese el alimento que necesitaban y que los levantaría.

Como Pan vivo bajado del cielo, el SEÑOR  alimenta también nuestra alma: aumenta en ella la vida Divina.

Cuando nuestro cuerpo no puede comer, nos debilitamos, perdemos fuerza y peso y poco a poco podemos enfermarnos y desequilibrados.

Hasta aproximarnos mismo a la muerte. Así también nuestra alma necesita de un alimento. Ella no puede subsistir sin este, mas requiere de una fuente de abastecimiento fuera de si. Ella es inmortal y no muere como nuestro cuerpo. Desde nuestro Bautismo está llena de vida Divina, que se puede perder, y de hecho existe quien nos envidie por causa de eso y quiere retirarnos este tesoro del corazón; está constantemente tentándonos, haciéndonos sufrir, preparándonos trampas y seducciones y ofreciéndonos muchas cosas: “todo esto te daré, si te postras y me adoras” (Mt 4,9) eso quiere decir, si haces lo que yo quiero. Mas el SEÑOR en su gran bondad, nos ofrece aquel alimento, que intensifica siempre de nuevo esta vida Divina dentro de nosotros y nos enraíza cada vez mas profundamente en la intimidad del PADRE y del HIJO y del ESPIRITU SANTO. Así, El quiere revitalizar nuestras fuerzas.

Nosotros tenemos acceso tan fácil al Pan del Cielo. Es poco probable que CRISTO resucitado va aparecérsenos como a los discípulos de Meaux y ni es necesario, pues ya sabemos donde encontrar el SEÑOR: en la Iglesia. Es ella quien nos da el Pan del Cielo, el Pan que nos sustenta en todas las miserias y debilidades.

  “ Venid a MI todos vosotros que estáis cansados y fatigados, y YO los aliviaré” (Mt 11, 28)  

Hoy en día podemos comer diferentes tipos de comidas, hasta de otros países. Existen restaurantes japoneses, chinos, libaneses, italianos, árabes, etc

Por lo tanto, si queremos cenar comida japonesa, no necesitamos viajar hasta Japón, basta dirigirnos a uno de estés restaurantes.

Así podemos decir también, que si queremos comida celeste, el Pan del Cielo, no es necesario morirnos ya o subir al cielo, solamente debemos dirigirnos a la Iglesia, pues ella tiene el poder y la tarea de darnos aquí en la tierra el Pan del Cielo.

Depende de nosotros, querer y aceptar este alimento. Es responsabilidad nuestra dirigir nuestros pasos hasta la Iglesia mas próxima, para poder comer el Pan de los Ángeles y saciar nuestra alma con JESÚS. Que este año de la EUCARISTÍA haya dejado en nosotros, serios propósitos para ir muchas y muchas veces al encuentro de JESÚS, para nutrirnos de EL, sea comulgando, o contemplándolo en la adoración, siempre admirándolo y amándolo con reverencia y alegría en el corazón, con los Ángeles y como los Ángeles.

TE damos gracias por este Sacrificio que tienes la complacencia de recibir de nuestras manos, aunque tengáis delante de Vos, millares de Arcángeles y miríadas de Ángeles,

Querubines y Serafines de seis alas y ojos innumerables, que elevándose, Vos cantan, proclaman, gritan y entonan el himno triunfal”

(De la Liturgia Bizantina)

Para que todos sean un

En las últimas cartas circulares meditamos sobre la Eucaristía en relación a nuestra vida diaria y el trabajo humano, pero también en relación al misterio como “Pan del cielo” adorado por los santos Ángeles. En esta circular queremos considerar la Eucaristía como misterio de comunión. El papa Juan Pablo II, en su carta Mane nobiscum Domine (nn. 19-22), llama a la Eucaristía la “Fuente e Epifania (= manifestación) de Comunión”.

1) Eucaristía es un encuentro: comulgar es un mirar, un tocar, un dialogar, un comprender y un permanecer en el otro con amor de amigo.

La Eucaristía incluí una dimensión profundamente personal. Contra el peligro de despersonalizar la Eucaristía, o papa Juan Pablo II insiste en un encuentro personal con Jesús en la Eucaristía: “Podemos decir que cada uno de nosotros recibe a Cristo, pero también que Cristo recibe a cada uno de nosotros.” Él intensifica su amistad con nosotros: “os he llamado amigos” (Jn 15,15). En la comunión eucarística se realiza el estar el uno en el otro, la inhabitación mutua de Cristo y del discípulo. De hecho, nuestro Señor instituyó la Eucaristía en la intimidad de la Última Cena como Su don personal de amor para Sus amigos.

El hombre como persona es un ser para la comunión por las relaciones personales. La comunión se da mediante mutua donación y receptividad de si mismo. Del yo e del se forma el nosotros. El yo frente al descubre cierta plenitud del ser que vence la soledad y entra en una comunión efectiva. El hombre está en continua busca de comunión, don de amor que quiere compartir y quiere ser fiel hasta lo último en la donación de si mismo.

La palabra comunión se refiere a una unión personal. En principio se trata de la comunión de DIOS en el misterio trinitario, pero esta comunión divina se extenderá sobre las criaturas por JESUCristo en el EspíritU Santo. Al darse gratuitamente o por gracia, DIOS hace posible la comunión con Él y, a partir de allí, tornase posible un nuevo tipo de comunión de los hombres entre si.

El Señor dice: Quien come mi Carne y bebe Mi Sangre permanece en Mi y Yo en él. Así como el PADRE, que vive, Me envió y Yo vivo por el PADRE, también aquel que de Mi se alimenta vivirá por Mi (Jo 6,56-57). La Eucaristía es el lugar del encuentro donde los Santos sacaran fuerza y alegría. A través de Cristo, quien vive por el PADRE, somos introducidos al más profundo misterio de DIOS, que es comunión de amor, unión perfecta en la Trinidad. Este misterio del amor divino está derramado en nuestros corazones por el EspíritU Santo, así el hombre participa en la intimidad entre JESÚS e Su PADRE. Existe una diferencia al decir: “estar aquí” o “estar aquí para alguien”. JESÚS está aquí para nosotros. Si está aquí para mi, entonces  esto requiere mi atención, así nos tornamos Sus amigos por la Eucaristía.

Una vez, una religiosa escribiendo una carta la finalizó despidiéndose con las palabras: “Nos veremos en la Eucaristía”. Ella tiene su encuentro diario con JESÚS en la Eucaristía e para ella, en la adoración, por medio de este estar con JESÚS, se encuentra  también con sus queridos. El mirar de ella para DIOS en la Eucaristía torna-se una participación do Su mirada. En JESÚS podemos ver todos nuestros amigos, presentándoles a Él, inclusive con sus Ángeles de la Guarda.

2) harmonía perfecta

Cuando nosotros imaginamos una orquestra con muchos instrumentos e cada instrumento tiene sus propias características, o “su tono”, entendemos que tocando juntos podríamos descubrir millones de variaciones de harmonías. Cuando tenemos algunas colores diferentes se pode producir, mezclando las colores, millones de diferentes tonalidades. Cuando pensamos en el cuerpo humano con sus diversas funciones y la necesidad de colaboración entre los diversos miembros, es así que a mano no pode decir que no necesita de los ojos para trabajar, e para caminar se precisa de los pies. Todo funciona harmónicamente en una naturaleza tan complexa.

O cuando observamos varios hombres, trabajando juntos en una misma obra, ejerciendo los diversos oficios, vemos como se obtiene una obra maravillosa donde cada un con sus dones contribuí para el todo. Un cuerpo público como un estado también es un sistema muy complejo. Mas la Iglesia es bastante diferente de este, porque su alma es el mismo Espíritu Santo que dirige todo y es quien construye la Iglesia, e el Espíritu de Cristo es dado principal­mente mediante a Eucaristía.

Cuando en una comunidad se práctica la caridad fraterna por las diferentes formas de amor, sea con los pobres o con los enfermos, podemos imaginar una vida de caridad fecunda que edificará toda a Iglesia. Y ni siquiera podemos imaginar los coros de los Ángeles, los cuales en una comunión perfecta y bajo la dirección del Espíritu Santo armonizarán todo el universo e ni siquiera también imaginar esta hora en que Cristo irá “unir en Si todas las cosas” (cf. Ef 1,10). Que bello será al contemplar un universo perfecto donde DIOS se hace todo para todos, donde El estará presente en todas a cosas!

3) una Santa Unión en la Iglesia: un solo pan e un solo cuerpo

La Eucaristía hace la unidad del Cuerpo Místico: la Eucaristía edifica la Iglesia. Los que la reciben están unidos más íntimamente a Cristo y mediante ella, la Eucaristía, los diversos miembros encuentran una armonía. El hombre que comulga se coloca en relación más profunda con los santos Ángeles. Uniéndose a Cristo, el pueblo de la nueva alianza no se encierra en si mismo, por lo contrario, torna-se «sacramento» para la humanidad, señal e instrumento de la salvación realizada por Cristo, para la redención de todos. Por la comunión eucarística la Iglesia es consolidada en su unidad de Cuerpo de Cristo. A este efecto unificador que tiene la participación en el banquete eucarístico, alude S. Paulo cuando dice a los Corintios: “El pan que partimos no es la comunión del cuerpo de Cristo? Una vez que hay un solo pan, nosotros, aunque siendo muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos del mismo pan” (1 Cor 10,16-17). Con estas palabras se expresa un gran misterio, porque muchos comulgan y son introducidos en DIOS participando en la vida divina, pero también los miembros del Cuerpo están unidos entre si, en la medida que se unen a Cristo. Por eso, como fruto de la comunión se realiza la acción unificadora del Cuerpo Místico por la acción do Espíritu Santo, como se reza en la Santa Misa: Fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre del Hijo y repletos del Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu. Esto es lo que JESÚS pide al PADRE, para que todos sean un. Se compara nuestra unión con la naturaleza divina, en analogía a la unión substancial de Cristo con el PADRE.

Debemos entender la Eucaristía en esta dimensión eclesiológica porque construye la Iglesia. Ya no existen muchos pueblos en la tierra, sino solo un pueblo, los que participan en la mesa del Señor. La Iglesia es como una red de muchas comunidades eucarísticas, y siempre permanece unida formando el único cuerpo. Por eso, no existen más fronteras en la Iglesia, no existe mas diferencia entre hombre e mujer, entre esclavo e libre, porque la Eucaristía es la misión más amplia del Hijo con una importancia para toda la creación; y si la misión del Hijo de DIOS fue la unificación de toda la creación, como nos enseña San Pablo, entonces debemos encontrar esta unión en la Eucaristía y también serán incluidos los Ángeles e la creación material.

4) un solo corazón e una sola alma

La Unión que la comunión produce es ser un solo corazón y una sola alma como los primeros cristianos (cf Hch 2,44; 4,32). Esta unión se manifiesta por la lealtad de los fieles con las autoridades, mas también por la caridad activa. Todos entenderán que nadie vive para si mismo, mas todos vivemos para el Señor. En la unión perfecta con el Señor, nadie tendrá más envidia, todos quedarán felices, todos se dispondrán al servicio de los otros, porque cada uno sabe: lo que recibió en este inmenso don de la Eucaristía es mucho más de lo que Él propio podía dar por si mismo. El cielo es la vida de la caridad perfecta y Él ya se anticipa, porque de alguna manera, por la Eucaristía ya estamos introducidos en el cielo.

La celebración de la Eucaristía es el centro y la fuerza de la vida de la Iglesia, su grandeza está en el darse, así como Cristo se da a nosotros. Por lo tanto, esto no puede durar solamente durante la Santa Misa, este misterio debe brillar durante todo el día que es penetrado por el respirar del alma en la oración, la presencia de DIOS es garantía de la salud del cuerpo y del alma.

Una unión profunda, verdadera y permanente no se puede realizar si no fuera una unión interior y espiritual, una unión de los corazones. Podemos recibir la Eucaristía solamente en unión con toda a Iglesia, con toda su autoridad y junto con el papa. La comunión eucarística es una comunión con todo el Cuerpo de Cristo, porque sin el todo no existiría comunión plena. Para esto se necesita la preparación y confesar la fe católica que comprende todas las verdades de la fe; también precisa querer lo que DIOS quiere: la salvación de todos.

“Todo lo que es mío es tuyo”: Cuando, en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,31), el padre habló a su hijo mayor Todo lo que es mío es tuyo, pensaba no solamente en sus bienes materiales, sino también quería dejarlo participar en su alegría de padre. No hay más diferencia entre lo mío y el tuyo por la Eucaristía. Según san Juan Crisóstomo, en el Reino de DIOS no existe la palabra mío o tuyo, mía o tuya, mas es todo nuestro. El amor de DIOS es común a todos nosotros, nos pertenecemos unos a los otros y donde DIOS es todo en todos, nosotros todos estamos en todos e todos en nosotros. Formamos un Cuerpo, el Cuerpo de Cristo y en este cuerpo la alegría de uno es la alegría del otro. En Cristo no hay más aislamiento y esto es lo que JESÚS pide al PADRE: “para que todos sean un”. Lo que el PADRE en la parábola dice a su hijo mayor, esto JESÚS lo repite en su oración sacerdotal (Jn 17,10), “todas Mis cosas son tuyas, y tus cosas son Mías; y en esto soy glorificado”, e esto vale para todos nosotros en el Cuerpo Místico.

En la película “Un príncipe en Nueva York” (Coming to América), Edie Murphy toma el papel de un príncipe de África a punto de convertirse en rey. Todas las mujeres en su patria quieren casarse con él por causa de su riqueza, pero él desea encontrar a alguien que lo ama por él mismo. Viaja para América donde nadie lo conoce ni sabe que es un rey, se viste simplemente, sin las vestidura de un príncipe, de manera que nadie se da cuenta de su riqueza. Consigue un empleo en un restaurante y luego llega a vivir en un barrio más pobre de Harlem en Nueva York. Con apariencia de un pobre llega a conocer en una Iglesia una joven bonita y, atraídos mutuamente, comenzaran a enamorar. Ella acepta la propuesta matrimonial y cuando ella descubre que es un príncipe queda asombrada y llega a convertirse en una princesa, en una mujer rica.

Algo parecido vive JESÚS no Santísimo Sacramento. Él es el Rey que busca alguien que lo acompaña y ama por ser Él mismo, por Su Persona. En el Santísimo Sacramento se viste de una manera simples, sin Su vestimenta (traje) de gloria y viene humildemente a nosotros como el Pan bajado del cielo. Tan profundo es Su deseo de ser amado, que se muestra como el más pobre de los hombres para elevarlo a una unión plena. Él es el Rey del amor, merecedor de nuestro amor por todo lo que hizo por nuestra salvación. Se entramos con Él en la fiesta, también participaremos da Su gloria y podremos escuchar “Todo o que es mío es tuyo”.