CC47 Navidad -Angeles

El misterio de la Navidad y los santos Ángeles

            Navidad es la fiesta de alegría, pues nació el Salvador, y los Ángeles son mensajeros de la alegría. En preparación para esta solemnidad queremos juntos con los santos Ángeles caminar a través del Adviento. En el painel, colocado en esta carta, podemos contemplar el motivo de la Navidad. Observemos algunos aspectos, mirando hacia el Niño JESÚS, rodeado de luz, pues Él mismo es la luz del mundo.

1) El DIOS invisible se hace visible – la admiración de los santos Ángeles

Todos los santos Ángeles se admiran ante este acontecimiento, deseando ardientemente poder contemplar al divino Niño. Incluso los serafines, aquellos que el profeta Isaías (cap. 6) vio en el santuario cantando el “Santo, Santo, Santo”, y los que están cerca de DIOS y Lo rodean, miran hacia el niño JESÚS aquí en la tierra.

Fue en la aurora de la creación, cuando DIOS dijo: “Hágase la luz… y DIOS separó la luz de las tinieblas” (Gn 1,3-4). Durante la prueba de los Ángeles, DIOS se había ocultado. No conocemos exactamente como fue esta prueba, pero, después de ella, los Ángeles fieles fueran recompensados con la visión beatífica de la Santísima Trinidad. En la luz de esta visión, los santos Ángeles contemplan el misterio de DIOS, Quien es Espíritu, mirando hacia el rostro del PADRE que está en el cielo (cf. Mt 18,10). También pueden contemplar la belleza de DIOS en su creación y en las criaturas, especialmente en el hombre, creado según la imagen y semejanza de DIOS. Pero algún día DIOS mismo iría aparecer en una forma corporal, y fue el arcángel Gabriel quien recibió la honra de anunciar a la Virgen. Así podemos entender que para los Ángeles sería un nuevo “hágase la luz” en el establo de Belén. Lo que para los pastores tal vez fue algo idílico, para los Ángeles fue como una nueva revelación cuando DIOS apareció en la carne. Podemos bien imaginar, que, para los ojos de los Ángeles, aquél pobre establo estaba de todo iluminado.

También podemos imaginar, que ya durante el embarazo de María, los Ángeles se encontraran en una gran expectativa y deseo de ver a DIOS en la carne (cf. 1 Pd 1,12) como diciendo: “Ven Señor Jesús”. Y cuando JESÚS nació, los santos Ángeles irrumpen en el júbilo de la Navidad, cantando el “Gloria”. Ahora DIOS había salido de su invisibilidad y podía ser visto por los hombres. La tierra se iluminó. Los santos Ángeles son los “maestros de la admiración, que ahora, mucho más todavía, quedan abismados por la humilde apariencia de DIOS Hijo, presente en el pesebre, y, al lado de María, de José y de los pastores, ellos contemplan el recién-nacido Verbo encarnado. Escribe el beato Columba Marmión “Ellos vieran en él su Dios y este conocimiento coloca aquellos puros Espíritus en la admiración de una humildad tan incomprensible, porque Él no quería unirse a la naturaleza de ellos: “pues no vino Él ocuparse con los Ángeles, sino con la descendencia de Abrahán” (Hb 2,16).

Nosotros hombres vemos a nuestro Señor velado en el Pan de la Eucaristía. Los padres de la Iglesia colocan una relación del pesebre con el altar. Sobre este altar está colocado el Niños JESÚS, el verdadero Pan bajado del cielo. San Atanasio explica: “Belén significa casa del pan, porque aquí el “Pan vivo del cielo” entró en nuestra tierra, y a partir de ahora, se hará presente en todas nuestras iglesias” (PG 28,688d). Nosotros lo contemplamos por la fe. Pero los Ángeles lo ven también en la luz clara, por lo tanto, están delante de este Sacramento con una gran admiración. Así que el santo Cura de Ars decía: “Oh, si yo tuviese los ojos de los Ángeles para ver al Señor, presente aquí sobre el altar. Como lo amaría. Él está, Él nos espera. DIOS mío, que lástima, que no estamos totalmente penetrados por tu santa presencia”. El amor de DIOS en el misterio de la encarnación fue en cierto sentido “incomprensible” también para los Ángeles. Ninguna criatura puede comprender el amor de DIOS, pero cada criatura lo puede adorar.

2) Dios reconcilió el mundo consigo – la amistad de los Ángeles con los hombres

En medio del painel podemos observar cuatro Ángeles mirando hacia el Niño JESUS. Los santos Ángeles consideran también su propia futura misión. Vemos a ellos com diversos símbolos, indicando que ellos quedarán en la tierra con los hombres, acompañando y servindo a nuestro Señor.

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir. Por eso, también los Ángeles se disponen a servir y seguir al Señor en Su humiliación. Orígenes escribe sobre esto: “Y los cielos se abrieron” (Ez 1,1). No era suficiente que un cielo se abriera, varios cielos se abrieron, y los ángeles bajaron hacia aquellos que deberian ser salvados. Ellos no bajan de un cielo sino de todos los cielos… Quando ellos vieron CRISTO viviendo en la tierra, el Principe verdadero de los ángeles, ellos bajaron directamente del cielo, para seguir su Señor y de obedecer a Su voluntad, mientras ellos sirven …al Hijo de DIOS y dijeron entre si: Si El baja del cielo, va dentro de un cuerpo mortal, y cuando el se viste con esta carne mortal, si el sufre en la cruz y muere por los hombres, como nosotros podemos estar tranquilos y de cuidar nos mismos? Venid todos los ángeles, bajamos del cielo!” (Homilías a Ezequiel, 1,7).

La cruz es símbolo del amor misericordioso de DIOS, y la paz está llegando, pues escribe San Pablo: DIOS reconcilió al mundo consigo… por la sangre de su cruz (Col 1,20). De hecho, los Padres de la Iglesia y la Liturgia, vieron en el cántico de los Ángeles y, en el anuncio a los pastores durante la Noche de Navidad, el comienzo de una nueva era de fraternidad entre todas las criaturas dotadas de inteligencia.

            Tenemos un ejemplo de san Germano de Constantinopla, dirigiéndose a nuestra Señora: “Luego después de tu parto, los ejércitos de los Ángeles del ministerio celestial salieron y cantaron los himnos al Dios por ti concebido, y cuando ellos anunciaron que la gloria en las alturas se consumiera, declararon que a la tierra había llegado la paz”, y que a partir de ahora no habrá más “enemistad, por causa del muro de separación entre los hombres y los ángeles, entre el cielo y la tierra, sino a partir de ahora comenzará a construirse una comunicación unánime entre las dos partes y, de los Ángeles como también de los hombres, se ofreciera la misma adecuada glorificación del único Dios.” (PG 98,341).

Por el pecado y por la expulsión del hombre del paraíso, los ángeles se habían considerados enemigos del hombre pecador, hecho enemigo de Dios, y un muro los separaba. Ahora, con la aparición del Hijo de Dios en la tierra, los cielos y la tierra se unieron, “los Ángeles bajaron hasta el genero humano en la tierra, y los hombres fueron elevados a la misma glorificación celestial del único Dios”. Y san Juan Cristóstomo escribe que los espíritus celestiales “desde el nacimiento del Salvador, ya no despreciaron a los hombres, sino los consideraron como compañeros y con-dignatarios suyos”. (PG 62,321-322). Esta es la Buena Nueva, el Evangelio: “Dios en la tierra, el hombre en el cielo, y todo queda unificado entre sí: Los ángeles se unieron con los coros de los hombres, los hombres se aliaron con los ángeles y las otras virtudes celestiales. La guerra cesó, la reconciliación ha llegado, los demonios huyeron. Y se vio la vida del cielo trasladada a la tierra, como las potestades celestiales confiadamente se relacionan con nosotros, y como los ángeles ahora habitan continuamente en nuestro mundo” (In Matth. hom. 1,2; PG 57,15D).

            Una maravillosa oración del Missale gothicum, para la fiesta de Navidad, expresa bien estos pensamientos: “Dios Omnipotente y Eterno, que, como una piedra angular, por tu encarnación, restauraste la antigua discordia entre Ángeles y hombres, causada por la trasgresión junto al árbol antiguo, concede a tus siervos, quienes se alegren de tenerte en la bienaventuranza de esta solemnidad, como compañero revestido de la carne, que sean conducidos a la unión con los habitantes celestiales, sobre los cuales tú colocaste tu Cuerpo que asumiste.”

            Y junto con la amistad con los ángeles, el Señor nos conceda también el poder de imitarlos y de llevar una vida angélica. Por esto, la Palabra divina bajó del cielo, “para hacer de los hombres ángeles”, de transformar a las almas tan profundamente, que no solamente quedasen libertados de la maldad más oscura, sino que sean también elevados a la cumbre de la virtud. […] ¿Quien podía expresar la sabiduría de sus preceptos, la virtud de sus leyes celestiales y esta vida angelical tan ordenada? Él nos introdujo en una vida, él despidió por nosotros mandamientos; él introdujo una tal orden, que todos, los que se sometieran a él, se transformarán en ‘ángeles’ y serán semejantes a Dios en la medida que sea posible… “

3) Primeros Evangelizadores de la buena Nueva

            En la parte de abajo del painel, vemos tres Ángeles, y en la cinta está escrito: Evangelizo vobis gaudium mágnum (Os anuncio una gran alegría). Los Ángeles son los mensajeros del Evangelio.

El primer anuncia de la llegada del Mesías al mundo se realiza en el templo (Lc 1,17), al sacerdote Zacarías. El anunciador es San Gabriel, quien ya en el Antiguo Testamento tuvo la tarea de revelar al profeta Daniel los tiempos de la llegada del Mesías (cf. Dn 8,16-26; 9,20-27; 10,4ss). El Ángel define su mensaje como una “Buena Nueva” (1,19). Esto es el significado del Verbo griego euangelizomai “traigo una buena noticia”, lo que en español significa evangelizar. San Lucas usa aquí, por primera vez, este término, pronunciado por los Ángeles.

            Apareciendo DIOS mismo en los rasgos humanos, el Ángel no se limita a llevar a los pastores el mensaje divino, sino es todavía mediador de la “luz inaccesible” (1 Tm 6,16) de la presencia de Dios, que, en cuanto envuelve su figura, influyendo “gran temor” (Lc 2,9) por la manifestación repentina de lo sobrenatural, penetra en lo íntimo de los corazones, abriéndolos a la fe. Ellos, de hecho, van deprisa a Belén, a la vista del niño, sueltan sus lenguas para referirse aquello que les fue dicho (2,17) por el Ángel, suscitando la admiración entre los presentes. Y vuelven a sus lugares “glorificando y alabando a Dios (2,20).

            La pobreza de la señal ofrecido a ellos por el mensajero celestial: “encontrarás un niño recién-nacido… en un pesebre” no desilusiona a los pastores, a quienes fue primeramente anunciado el nacimiento de Cristo – Señor. De hecho, como dice san León Magno “…al final del anuncio, acrecentase la exultación de innumerables Ángeles para hacer más excelente el testimonio con el brillo de los sonidos de la milicia celestial, que unánimemente canta al Señor: Gloria a Dios en el cielo… (Lc 2,14).” (Nono 39, discurso de la Navidad del Señor ).

La evangelización, que los Ángeles proclaman en el nacimiento de Jesús, no es limitada solamente a Israel, representado por los pastores, sino se extiende también a los pueblos paganos, de los cuales los reyes magos son las primicias: Los espíritus bienaventurados “de hecho comprenden que la Jerusalén celestial está para ser formado por todos los pueblos del mundo” y de esto se alegran (ibid. p. 52,2). Proclaman, por lo tanto, casi contemporánea-mente la Buena Nueva a los judíos y a los paganos, incluso que con modalidades diferentes: la fulgurante aparición en el cielo de Belén descrita por Lucas (cf. 2,9-14), corresponde en el cielo del Oriente a la aparición de un fenómeno astral descrito por Mateo (cf 2,1ss), que podemos justamente suponer de marca angélica. ¿No son los ángeles los regentes del cosmos? A quien, si no a ellos, el Padre celestial podría confiar el encargo de hacer surgir “la estrella (del Mesías)” (Mt 2,2), que sea identificable con el cometa de Haley, como creen algunos, o según la hipótesis de Kepler, con una conjunción de los planetas de Júpiter y Saturno, o con una “estrella nueva”, o como suponen otros, con un fenómeno luminoso en la atmósfera terrestre?

Queridos hermanos, cuando en el año 1969, los primeros hombres regresaron de su visita de la luna, el presidente americano R. Nixon declaró, que esto había sido el mayor acontecimiento en la historia de la humanidad. Luego le contestó un famoso predicador diciendo que esto no es cierto, el mayor acontecimiento en la historia es el misterio de la encarnación y el nacimiento del Hijo de DIOS. Todos esperamos una bonita celebración del nacimiento del Niño JESÚS, pero necesitamos hacer un paso más. Los pastores no se quedaron en el campo, alegrando-se con la gloria del Señor que los envolvía, sino luego se fueron para la gruta de Belén. Guardémonos un ardiente deseo de ver el Niño JESÚS y de encontrarlo también en nuestros días. Invitemos por eso a los santos Ángeles…

Oración: Santos Ángeles, primeros evangelizadores de la Buena Nueva, haced con que todos los hombres, por vuestra intercesión, tengan el don de la fe en Cristo Señor, único Mediador entre el cielo y la tierra, solamente por quienes podemos ser salvos.