CC59 Caminar en la presencia de Dios

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El caminar en la presencia de DIOS

Cada bien en la vida espiritual depende del humilde recorrer de nuestro camino con DIOS: Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Yahveh de ti reclama: tan sólo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu DIOS (Mi 6,8).

            En nuestra última carta circular demostramos que la unión con DIOS puede darse solamente en cuanto, al igual que los santos Ángeles, tengamos la mirada de nuestro corazón fija totalmente en DIOS. Queremos continuar estos pensamientos para dar un paso y considerar lo que significa caminar en la presencia de DIOS. ¿Por qué sería necesario este ejercicio? ¿Será algo para los principiantes, o solamente para los avanzados?

            En el Antiguo Testamento los patriarcas Henoc y Noé recibieron un máximo elogio. ¿Y por qué? Porque andaban en la presencia de DIOS: Henoc anduvo con DIOS, y desapareció porque DIOS se lo llevó (Gn 5,24). Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con DIOS (Gn 6,9). Por la fe, Henoc fue trasladado de modo que no vio la muerte y no se le halló, porque le trasladó DIOS… la Escritura da en su favor testimonio de haber agradado a DIOS (Hb 11,5).

Más tarde, cuando DIOS instituyó una Alianza con Abraham, ésta estaba ligada a la siguiente condición: Cuando Abraham tenía noventa y nueve años, se le apareció Yahveh y le dijo: ‘¡Yo soy el DIOS Todopoderoso, anda en mi presencia y sé perfecto!’ (Gn 17,1). Señaladamente, la confianza de Abraham viene de la ayuda del Ángel en este santo ejercicio. Porque dice a su siervo: Yahveh, en cuya presencia he andado, enviará su Ángel contigo, y dará éxito a tu viaje (Gn 24,40). Al caminar en la presencia de DIOS podríamos experimentar el auxilio especial del santo Ángel, porque exactamente este ejercicio nos pone atentos en la colaboración con la gracia de DIOS.

¿Qué se entiende con el “andar en la presencia de DIOS”?

            El andar en la presencia de DIOS consiste en una atención amorosa del alma a DIOS que inhabita en ella, en todo su actuar. Comienza con el contacto con DIOS en la oración; y lleva como fruto a una unión siempre más profunda con DIOS.

            Es la conciencia práctica y espiritual, de que DIOS está presente en todo mi quehacer, unida con la intención pura, de hacer todo según Su voluntad y para Su gloria, así que a mí – en cuanto yo me hago más semejante a Él – se me de la fortuna de una unificación perpetua con Él. Tal intención puede ponerse evidentemente al inicio del día, pero, para el “andar en la presencia de DIOS” se requiere otra cosa más: la actitud fundamental consciente, por la cual se vive y actúa siempre en la luz de la fe. De parte del entender natural del hombre, el actuar debe ser determinado por la inteligencia y la voluntad; de parte del entender sobrenatural, debe ser determinado conscientemente por la fe y por el amor. Solamente el crecimiento de las virtudes teologales decide el caminar en la presencia de DIOS, y éstas colocadas así, son los principios activos, es decir, los determinantes y ejecutantes para todo nuestro actuar. En este ‘drama’ de la colaboración de cada uno con la gracia de DIOS, el Ángel de la Guarda es como el “representante principal” de parte de DIOS.

            El nuevo Catecismo enseña: La vida de la oración consiste, en estar habitualmente en presencia de DIOS, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con CRISTO (CEC 2565).

            El caminar en la presencia de DIOS es para todos los cristianos el camino normal hacia la verdadera oración interior y hacia la unión con Cristo. La “doctora de la oración”, Santa Teresa de Avila escribe:

            Consideren, cómo es importante para ustedes, conocer la verdad de que el Señor inhabita en nosotros, y cuánto depende, que nosotros estemos junto a Él. En esta manera de oración, aún cuando sería sólo oralmente, el espíritu mucho más fácilmente está recogido, y además se ganan muchos otros beneficios. Es llamada oración de recogimiento, porque en eso, el alma concentra todas sus fuerzas y entra con su DIOS en lo más interior. … Quien sabe encerrarse de esta manera en el pequeño cielo de su alma, donde habita el Creador del cielo y de la tierra, y se acostumbra a mirar nada fuera de Él, y de no rezar en lugares donde los sentidos exteriores fácilmente se pueden distraer, éste puede estar convencido, que anda en un camino excelente, y en breve llegará ahí, donde puede beber el agua de la fuente misma; y en poco tiempo recorrerá un gran trayecto del camino (Camino de la perfección, cap. 28, § 4-5).

            San Agustín buscó a DIOS y la fortuna por muchos años afuera en el mundo, hasta que finalmente descubrió que DIOS está en nuestros corazones y ahí nos está esperando. Si alguna vez conociéramos, que el Reino de DIOS está dentro de nosotros, para aquél, que tiene la recta intención, sólo le queda una opción. Quien se cierra a la aspiración para el caminar en la presencia de DIOS, toma un compromiso, lo que explica, por qué tantas almas en la verdad no encuentran un verdadero progreso en la vida espiritual. Se decidieron – quizá inconscientemente – por una mediocridad, por haberse abierto a un espíritu mundano. Su corazón está dividido entre DIOS y las criaturas. Por eso, no pueden estar, en esta vida, unidos a DIOS en una amistad íntima.

            Muchos creen falsamente, que el caminar en la presencia de DIOS es un ejercicio para ‘avanzados’. Pero la verdad es lo contrario, como nos asegura san Alfonso de Ligorio: El ejercicio del caminar en la presencia de DIOS, los doctores espirituales, con razón, lo designan como el “fundamento” de la vida espiritual (La verdadera esposa de Jesús, cap. 16,3). No se puede recordar suficiente-mente, que el caminar en la presencia de DIOS no es una gracia superior y mística, sino más bien un ejercicio de una virtud, a la cual cada cristiano debería acostumbrarse. Santa Teresa de Avila, que considera la temática del punto de vista de la oración, nos dice: un alma podía conseguir, por un esfuerzo continuo y permanente y, con la gracia de DIOS, dentro de un año o tal vez ya dentro de medio año, el estado del recogimiento interior (cfr ibid. cap. 29, in fine).

De la necesidad del caminar en la presencia de DIOS

            Puesto el caso, alguien tiene un invernadero, en el cual dejaría entrar la luz del sol apenas una o dos horas al día. ¿Qué expectativa sería esto para una planta que necesita la luz? ¡Muy poca si la tiene de algún modo! Suponemos que este invernadero sería el alma, y aquella plantita pobre sería la vida espiritual del alma que está aspirando la luz. Además suponiendo que durante los diversos ejercicios espirituales (santa Misa, contemplación, rosario y lectura espiritual) se abrirá una ventana espiritual que deja entrar la luz del sol de la gracia divina. Luego que empieza a brillar en el alma decimos: “¡Qué maravilla!” Pero seamos sinceros: En la mayoría de las personas, se llega, sumados todos estos ejercicios, ni siquiera a una hora de “luz del sol” en un día, es decir de contacto con DIOS. No es de admirar, que la vida espiritual de muchas almas está tan débil y enferma. Al contrario, un alma que siempre anda en la presencia de DIOS, estaría continuamente en la luz de la gracia divina. No hay que admirarse, que santa Teresa atribuye el progreso rápido y constatable al caminar hacia la unión con DIOS.

            Un año de esfuerzo serio es poco, en relación a los bienes que hay que adquirir. Además, no hay un acceso ordinario para el crecimiento espiritual y para la unión con DIOS. Sin un caminar continuo en la presencia de DIOS, nunca seríamos perfectos (Konrad Hock: Der Wandel in der Gegenwart Gottes ‘El caminar en la presencia de DIOS’, p. 19). Es, porque el caminar en la presencia de DIOS no solamente es un medio entre muchos, como por ejemplo el rosario, Vía Crucis, lectura espiritual, contemplación y otros ejercicios. Es de plano nuestro ejercicio de las virtudes teologales, y éstas por si mismas son el medio directo para la unión con DIOS. Incluso el recibir la santa Comunión, si realmente esperamos un fruto espiritual, requiere el ejercicio de las virtudes divinas. Por eso, otros medios tendrán beneficio solamente en esta medida, conforme vayan de la mano junto con el ejercicio de las virtudes divinas.

            Cómo es verdad la observación de Konrad Hock: En cuanto el hombre no camina en la presencia de DIOS, son las criaturas y él mismo el punto central de sus aspiraciones y acciones, DIOS más o menos se considera como asunto secundario.

Luego cuando el hombre camina en la presencia de DIOS, DIOS se hace el centro de su vida y de sus aspiraciones. Las creaturas y el propio yo se ponen más al fondo; así la senda está libre para la unificación más íntima con DIOS en el amor, es decir, para la perfección (ibid. p. 21).

            ¿Qué imagen espiritual dan aquellos fieles negligentes, para aspirar a caminar en la presencia de DIOS? ¿Hacia qué cosa está orientado su pensar? Cuando se trata de personas con buena intención, entonces están preocupadas del bienestar y de las necesidades de su familia, amigos y compañeros. Quieren hacer algo bueno y ayudar. Consecuentemente están ocupadas en sus pensamientos de buscar nuevos caminos, que los hagan felices, que los consuelen y ayuden, para ganarse así su simpatía. En otras almas menos nobles, los pensamientos van alrededor de su propio yo y de los propios asuntos. Están presos en sus esperanzas y preocupaciones… Se complacen a sí mismos en la contemplación de sus propias cualidades, de sus éxitos pasados y esperanzas futuras. Disfrutan tener compasión consigo mismo y criticar a sus enemigos. En una palabra, hacen ensayos en su corazón del espectáculo de la propia vida, que es como burbujas de jabón. Su vida interior no solamente es superficial, sino es un laberinto de bagatelas, apegos acostumbrados y enemistades.

            Puede ser que sean católicos practicantes, que todos los días rezan, quizá también van a Misa diaria, regularmente hacen una lectura espiritual y todos los días rezan el rosario. Aun así, su vida espiritual está anémica, porque al fin de cuentas DIOS no es lo más importante de cada día. Y lo que hace peor la cosa y mucho más grave: cuando uno la observa más de cerca, entonces los ejercicios de piedad de tales personas son bastante improductivos. Se quejan de grandes dificultades para poder concentrarse en la oración, en la contemplación, … y al mismo tiempo confiesan que los molestan las distracciones. Pero, ¿no son estas distracciones en el fondo unas “mini-contemplaciones” sobre cosas erradas? Ahí donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6,21). Sin embargo, santa Teresa también toma en consideración las debilidades de la naturaleza humana, cuando dice: También la lectura de un libro bueno, es un medio excelente, para aprender a hablar con el Señor (Camino de la perfección, cap. 26). Menciona propiamente, que de esta manera ella misma tomó como auxilio un libro durante diez años, para que no se piense, que el caminar en la presencia de DIOS sería un medio universal de curación para las debilidades de nuestra naturaleza, y no el fruto de una colaboración continua y perseverante con la gracia de DIOS.

Ventajas del caminar en la presencia de DIOS

            Según san Alfonso de Ligorio, la vida espiritual consiste en tres cosas: el evitar el pecado, el ejercicio de las virtudes y la unión con DIOS. El caminar en la presencia de DIOS produce tres efectos: guarda al alma del pecado, la dirige hacia el ejercicio de las virtudes y la mueve a unirse con DIOS mediante un santo amor (Loc. cit. cap. 16,3).

            Que las explicaciones siguientes nos animen a caminar más celosamente en la presencia de DIOS. Casi ningún otro ejercicio produce un fruto tan múltiple y rico en el alma como éste.

I. Estamos preservados del pecado

            Un confesor acostumbró a preguntar a los niños, que habían declarado un robo: “¿Pero no robaste, cuando alguien te estaba viendo, no?” “¡Claro que no!” “Pero, ¿no te quedó claro, que DIOS y tu Ángel de la Guarda siempre te están viendo?” – Qué alegría entonces ver, cómo los ojos de los niños se abrieron muy admirados al comprender esta gran verdad.

            San Jerónimo afirma: El pensar en DIOS destierra toda acción ignominiosa (Comentario sobre Ezequiel, cap. 22). San Alfonso confirma, que no hay un medio más eficaz para dominar las pasiones, resistir a las tentaciones y evitar el pecado, que acordarse de la presencia de DIOS (loc. cit.). Un pensamiento semejante y universal expresa santa Teresa: Toda nuestra miseria viene de esto, que no consideramos, que DIOS realmente está presente, sino lo creemos lejos (cfr san Alfonso, loc.cit.). Más probable es, que simplemente nos olvidamos de su presencia. El pensamiento en DIOS realmente presente, no solamente nos ayuda a resistir a las tentaciones excitantes, sino también fortalece al alma poderosamente en medio de las corrupciones y desdichas.

            San Efrén una vez fue tentado por una mujer desvergonzada. Le respondió que el lugar propicio para tal pecado sería la plaza pública del mercado, contra lo cual ella protestó, porque esta acción no se podía hacer ante los ojos de todos. Contestó el Santo: “¡Y cuánto más deberíamos temer, cometer tal acción ante los ojos de DIOS!” Evidentemente no había pensado la mujer en esto, porque la respuesta la tocó en medio del corazón, así que rompió en lágrimas y suplicó a san Efrén que le ayudara a conseguir la salvación. De hecho, entró en un convento, donde alcanzó algunos años más tarde una santa muerte (cfr. san Alfonso, loc. cit. cap.16 § 3). Susana había sido fortalecida, prefiriendo aceptar una gran vergüenza y la muerte, antes de consentir al pecado con los viciosos ancianos: es mejor par mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor (Dn 13,23). También los mártires fueron fortalecidos en sus dolores por el pensamiento en la presencia de DIOS y por el servicio de los santos Ángeles.

            El pensamiento en la majestad de DIOS nos anima a la purificación de nuestra alma, porque en esta luz estaremos exactamente conscientes de nuestra propia miseria e imperfección. El pensamiento en la misericordia de DIOS, que está cerca para curarnos, nos lleva al arrepentimiento y hace calmar las críticas y reproches amargos.

II. Seremos animados al ejercicio de las virtudes

            El caminar en la presencia de DIOS causa una manera de un despertar espiritual. Es, como si se nos cayeran las vendas de los ojos, y de repente el alma ve su vida y sus obras en la luz verdadera de DIOS. Reconoce que, incluso sus obras buenas, están deformadas por la vanidad, voluntad propia, retrasos y comodidad. De alguna manera había buscado siempre, a parte del Reino de los Cielos, también un reino en la tierra. ¡Cómo hubiese sido mejor servir a DIOS! ¡Cuánto tiempo desperdició en el pasado, cómo fue pobre y miserable su oración, cómo fue tibio y superficial el ejercicio de la virtud! Este despertar del engaño de sí mismo es el comienzo de una vida nueva. Se propone para el futuro, servir a DIOS mejor y con una intención pura. La humildad es comprendida de una forma totalmente nueva: ¿Quién es DIOS y quien soy yo? Así el Señor mostró a Josefa Menendez (una mística española) un estanque sucio, en el cual se encontraron diversos objetos de basura. Preguntó: ¿Qué es eso Señor? Esto, mi querida, es tu alma. El Señor le dio esta luz, no para aplastarla, sino para animarla a un aspirar heroico de las virtudes. En esta humildad, despertada en forma nueva, le será también más fácil para el alma mirar las debilidades de las otras personas con misericordia.

            Por el caminar en la presencia de DIOS, el alma descubre siempre más la bondad de DIOS. Empieza por alegrarse en Sus perfecciones, y le encanta expresar su agradecimiento y su alabanza. Con la mirada siempre fija en DIOS, el alma podrá cumplir con sus ejercicios espirituales con facilidad siempre mayor, porque ahora Él ha sido hecho realmente el tesoro de su corazón. En la medida como va aumentando este aprecio, el alma crece por si misma en la pobreza y en el desprendimiento, porque los bienes de este mundo pierden su fuerza de atracción: Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo (Fil 3,7).

           Este desarrollo en el alma, normalmente no se da sin mayores crisis interiores y sufrimientos. En cuanto las fuerzas superiores del alma comienzan a alegrarse en las cosas de DIOS, las fuerzas inferiores sólo con mucha resistencia están dispuestas a renunciar a su apego al mundo. Muchas almas, en este punto se vuelven otra vez hacia atrás, y dejan su vida de oración y sus ejercicios de las virtudes. Santa Teresa relata y lamenta la situación triste de su alma durante esta fase de su propia vida espiritual:

            Comencé por echarme de un pasa tiempo a otro, de una vanidad a la otra y de una ocasión a la otra. Al final caí en ocasiones tan peligrosas, y mi alma estaba tan entrelazada en una multitud de vanidades, que, por consiguiente, ya no me atreví a tratar con DIOS tan íntimamente como se hace en la oración interior. Además, se juntó, que con el crecer de mis pecados desapareció siempre más el gusto y la alegría en el ejercicio de las virtudes. Pero era el engaño más horrible, en el cual el diablo me podía colocar bajo la apariencia de la humildad, así que yo no me atreví al ejercicio de la oración interior, porque me vi tan mala a mí misma (La vida de santa Teresa, cap. 7,1).

            Hay que considerar, que su estado triste, cuando un año más tarde regresó a la oración, al principio se le empeoró todavía más, porque su alma estaba dividida:

Continué nuevamente con la oración interior. Las ocasiones (para el pecado), que continuamente se me presentaron, no las dejé todavía. Por eso llevé una vida sumamente dolorosa, porque mis faltas ahora se me presentaron claramente en la oración. De un lado grité a DIOS, de otro seguí en el mundo. En cuanto sentí una gran alegría en todas las cosas divinas, las mundanas me amarraron. Parece que quería yo entonces unir dos cosas opuestas y enemistadas, como la vida espiritual y las alegrías sensuales, placeres y conversaciones… De esa manera pasé muchos años (ibid. cap. 7,14).

            Así ella rezó de vez en cuando, pero no tuvo la generosidad de caminar continuamente en la presencia de DIOS y de separar su corazón de las cosas mundanas. Pero no dejó la oración, – una circunstancia, que consideró como una gran gracia. Puedo decir, que esta forma de vida es una de las más penosas que uno se puede imaginar. No encontré ningún gozo en DIOS y tampoco no sentía alegría en el mundo (ibid. cap. 7). No conseguí entregarme totalmente a DIOS (ibid. cap. 9). Pero porque perseveró en la oración, llegó hasta este punto de vivir en Su presencia y de amarla.

            Por cierto, estamos siempre ante la faz de DIOS, pero me parece que aquellos, que practican la oración interior, lo están de otra manera que todos los demás; porque éstos siempre llevan consigo la conciencia de que DIOS los ve, en cuanto otros lo pueden olvidar por muchos días. (ibid. cap. 8,2).

III. Estamos llevados a la unión con DIOS

            Las almas que perseveren en la fase penosa y seca del caminar en la presencia de DIOS, llegarán, mediante la gracia de DIOS, a la unión con Él. Nadie llega hasta ahí en virtud de los propios esfuerzos, y nadie alcanza el estado de la recolección interior sin la disposición, de empezar de nuevo por miles de veces. Invencible en su esperanza y en su confianza en DIOS, santa Teresa debería comenzar de nuevo a vivir la humildad y disponibilidad, sabiendo que mediante su colaboración con la gracia de DIOS a su tiempo traerá frutos. Ella escribe:

            “Si el hombre persevera en el ejercicio comenzado, deseo para él llegar a la misericordia de DIOS, porque nadie todavía, Lo escogió como su amigo, sin haber sido recompensado por Él. Según mi parecer, la oración interior no es otra cosa sino un tratar entre amigos, en el cual muchas veces nos comunicamos secretamente con Aquél, del cual sabemos que nos ama” (ibid. cap. 8,7).

            Por la perseverancia en este ejercicio, el alma será transformada paso a paso mediante la gracia, en cuanto ella asimile las actitudes del Señor, para que así siendo siempre más semejante a Él, será un amigo íntimo de DIOS.

Conclusión: Hoy, cada día es bueno, para empezar con este ejercicio del caminar en la presencia de DIOS. Cada paso es un paso más cerca de DIOS yendo de la mano de nuestro Ángel. Él es como un maestro de novicios personal, a quien describe san Benito así: Será designado para ellos un hermano mayor, quien sabe ganar las almas. Éste las supervisa con todo cuidado. Debe observar, si el novicio verdaderamente busca a Dios y tiene celo para el servicio de DIOS, para la obediencia y, en las humillaciones (Die grossen Ordensregeln “las grandes reglas monásticas” de Hans Urs von Balthasar, p. 244).

            Si vamos a DIOS con tal actitud, entonces estaremos siempre más dispuestos y transparentes para Su luz y Sus inspiraciones mediante nuestro Ángel. Grande será entonces la alegría de nuestro Ángel, y nuestra amistad con él será siempre más profunda, cuanto más nos pueda guiar hacia DIOS.