El tema espiritual

Doce caminos para llegar a la Santidad

El pequeño camino del Amor

Cada persona recibe de Dios dones diferentes y cada uno tiene su camino particular, como también cada uno tiene su santo Ángel custodio personal, por lo que cada persona debe presentarse diferentemente ante el trono de Dios. El pequeño camino del amor es la manera como cada uno se va santificar. No se trata de la práctica de devociones adicionales; basta pensar constantemente, en cómo proporcionar a Dios más alegría con las capacidades recibidas, con lo que de alguna manera quiere Dios. En cada Santa Comunión, Jesús vive en ti y quiere crecer en tu interior para tu propio crecimiento delante de Dios. Debes ir en torno a Jesús, que crece dentro de ti, con un amor siempre más fiel y con atención, como María, como los Santos Ángeles circundar al Señor. Por lo tanto, indicamos doce caminos, para que puedas, de la mejor manera, hacer crecer al Señor amadísimo dentro de ti, guardarlo y cuidar de Él con amor.

Sin embargo, hay una condición: todo debe permanecer en silencio, como guardando un amoroso secreto. Ni una chispa de ambición debería aparecer en el comportamiento externo, ni el deseo de comunicarse, ni la muestra de algún comportamiento extraño e insólito, deberán traicionar ese secreto de amor con el que te aferras al Señor. Solo DIOS, solo MARIA, solo tus Santos Ángeles deben conocer esto, deben ayudarte y regocijarse en este secreto tuyo, de lo contrario, comenzaríamos a buscar aceptación, reconocimiento de nuestros actos por parte de otras personas que nos rodean. Y dice el Señor acerca de los fariseos que se exponen: “Ya han recibido su recompensa!” (Mt 6,2.5). Practiquemos la caridad, de modo que nadie lo vea, sino solo nuestro Padre que está en el cielo.

Dios nos ha dado talentos y grandes gracias. Podemos convivir con nuestro santo Ángel de la Guarda quien cuida de nosotros. Un alma que crece estará feliz y tendrá también la fuerza suficiente para emprender el camino del amor en la imitación de Cristo.

    1.    La primera característica es el amor discreto.

Es el camino del amor escondido e incansable. El alma que sigue este camino nunca se enojará, nunca se irritará, nunca dejará que salgan de sus labios palabras agresivas y ofensivas; de hecho, ni siquiera tendrá pensamientos negativos sobre un compañero o acerca de los superiores. Siempre llena de alegría, el alma se dirá a sí misma: “Debo conservar el amor, ¡qué hermoso es! ¡Quiero amar siempre, siempre!”

     2.    La segunda virtud está en el camino de la confianza

El alma que sigue este camino nunca se desanima, no se lamentará, al contrario, ella siempre reforzará en sus compañeros la confianza en Dios, diciéndoles: “Dios lo sabe, ¡Él te ayuda con certeza!, seguro que lo sabe mejor que nosotros, ¡sabe aquello que contribuye a nuestra salvación!”. Por dentro siempre se dirá a sí misma: “¡JESÚS, confío en ti! ¡MARÍA, confío en tu ayuda maternal! ¡Santo ángel de la guarda, creo firmemente que me ayudas!” Rezará con tanta confianza y seguirá rezando por la comunidad, el convento, por todos los que Dios le confía, por el país, por la Santa Iglesia, por los sacerdotes, por la Obra de los Santos Ángeles.

3. El tercer paso está en el camino de la obediencia silenciosa y amorosa. El alma que sigue este camino se someterá con alegría y sin contiendas, incluso cuando esté frente a una persona no muy simpática y, más aún, cuando esté frente a sus superiores. Ella siempre se esforzará por pensar que, en su corazón, JESÚS no es herido ni golpeado por pensamientos críticos, insubordinados, descontentos o desobedientes. Llena de gozo, ella obedecerá gustosamente para traer gozo a JESÚS. Nunca pensará: “Esto no está bien, esto es injusto, esto es sin amor, esto no debería ser así”, cuando se encuentre con debilidades humanas en su entorno o cuando reciba una orden que le parece imposible. Interiormente, siempre se dirá a sí misma: “¡Quiero convertirme en santa mediante la obediencia amorosa y silenciosa!”

4. Aquí está el camino del sacrificio amoroso y oculto. 

El alma que sigue este camino orará y trabajará llena de alegría y soportará con amor, lo que DIOS le envía en la cruz, preocupaciones y fatigas de la vida. Ofrecerá todo en sacrificio, no solo por la mañana, sino también durante el día, continuamente, también las pequeñas cosas que suceden en la vida cotidiana. Hará ofrecimientos a DIOS por el alma que en ese momento lo necesita más, por los sacerdotes en peligro, por las almas necesitadas, por los pecadores que están a punto de morir, por los que han cometido pecado mortal. Llenará su día de tantos sacrificios amorosos que el día siempre parecerá muy corto y, en su corazón, le dirá a JESÚS: “¡Qué bueno eres permitiéndome ofrecer sacrificios! ¡Cómo te agradezco la gracia de poder ofrecer sacrificios!”.

5. La quinta característica es el camino de vigilar ante el Tabernáculo. 

El alma que sigue este camino, será guiada hacia el Señor en el Tabernáculo, en todo lo que hace y sufre; en sus pensamientos volará alrededor del Tabernáculo como una paloma blanca, cerrará su corazón en el Tabernáculo para hablar con Él siempre, para adorarlo, para brindarle expiación por todos, en particular, por todos los consagrados que, de manera tibia e indiferente, celebran y reciben la Sagrada Comunión. Muy severamente, debe cuidar que su alma no manche en lo más mínimo su túnica blanca, con la que hace compañía al Señor en el Tabernáculo. Y por dentro siempre rezará, adorando: “¡SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS!”

6. Aquí está el camino del gozo y de la alegría en DIOS. El alma que sigue este camino se alegrará de corazón, también de dolor y fatiga; su palabra favorita, también ante el Señor en su corazón, será siempre: ¡Gracias! La alegría y el agradecimiento van de la mano, así como la alegría y el amor. Querrá convertirse en una fuente profunda de DIOS, en la que todos sus hermanos y hermanas podrán buscar fuerza, consuelo, calma, coraje para empezar de nuevo, amor para perdonar y olvidar. Al Señor, en tu corazón, siempre dirás: “¡Señor, aún más! ¡Aún más! ¡Quítame lo que quieras, te doy todo con alegría! ¡Haz solo que yo ame y me regocije en Ti por toda la eternidad!”

7. A continuación, está el camino hacia el tesoro escondido del conocimiento de Dios. 

Quien conoce la grandeza y majestad de DIOS también sabe que, en nosotros, JESÚS llama a las almas. No hay absolutamente ninguna necesidad de ir a buscar almas; en primer lugar, tenemos el pequeño círculo de la familia o de la comunidad conventual, de la escuela, el círculo de acción en el que DIOS nos ha colocado, tanto de vínculos de sangre como espirituales. Con fervor incansable y la máxima humildad posible, -característica de ser un servidor-, debemos llevar a todas estas almas a un lugar que ya se les ha determinado en la eternidad: el Corazón de MARÍA, el Corazón de JESÚS. Y solo cuando hayamos rodeado y protegido este pequeño círculo con la red de los Santos Ángeles, entonces viene el círculo intermedio de todo el CORPUS CHRISTI MYSTICUM, la santa Madre Iglesia. Y después de esto viene el gran círculo que se extiende sobre toda la creación, sobre toda la humanidad. Esto es trabajo y más trabajo, y solo el amor, el amor ilimitado por JESÚS, puede superar esto. En su corazón, el alma siempre debe decirle al Señor: “Señor, hazme una rama floreciente alrededor de Tu cabeza llena de sangre y espinas, hazme florecer ante Ti y amar, y amando yo consiga soportar todo y superar todo”.

8. Como octava característica está el camino de la paciencia

El alma que sigue este camino, como amiga fiel, hermana fiel, madre fiel, siempre tratará de promover la paz y la calma cuando haya chispas [“conflictos”]; en silencio, se esforzará por mejorar algo, cubrir algo, aliviar, sanar, ayudar, tranquilizar. Nunca dejará de practicar todo esto, siempre con un rostro amable, alegre, con palabras buenas y amables, con manos serviciales, sin arrepentirse jamás de nada. Donde falta algo, ella se apresurará a ayudar y si eso no es posible, entonces rezará. Dirá interiormente a su Señor: “Me has dado una madre tan buena aquí en la tierra, que me ha educado con tanta paciencia; y me has dado a tu Madre como modelo, así que ayúdame, para que yo siempre pueda estar más feliz.” ¡Que tú y yo nos convirtamos en un verdadero ángel de paciencia y amor!

9. Aquí está el camino de la misericordia

El alma que recorre este camino puede salvar muchas almas y evitar muchas desgracias mediante la misericordia. No se trata de ofrecer solo una donación, de dar un regalo, este camino incluye todas las obras de misericordia espirituales y corporales: por ejemplo, ser amable con una hermana enferma, animar a una hermana deprimida, interceder por alguien que necesita algo, ayudar siempre aquí y allá, dar limosna, también ayudar con la oración. Ella siempre verá a JESÚS detrás de cada necesidad, y así siempre dará por amor al Señor, sin esperar recompensa en esta vida, sino en la vida eterna. En su corazón, continuamente dirá: “¡Señor, es por ti!”

10. El camino de la humildad

Siguiendo este camino, el alma recorrerá el camino de MARIA y, con alegría, se esforzará por hacer todo como MARIA lo hubiera hecho en su lugar. Te servirá con gusto y lo hará siempre que se presente una oportunidad. Llevará a JESÚS en su corazón dondequiera que vaya y, a través de su culto perenne y oculto, calentará todos los recintos del convento y los ofrecerá al Señor. En su corazón, a menudo orará “el ángel del Señor”; con amor, callará, no se arrepentirá jamás, sino que con su constante jovialidad aliviará las preocupaciones del convento.

11. El camino de la profundidad y de la interioridad

El alma que sigue este camino se hará cargo silenciosamente de todo lo que ocurra durante el día en el convento, y que no esté del todo en orden. Ofrecerá expiación al Señor duplicando el amor, siempre que haya falta de amor; expiará, duplicando el trabajo silencioso y el silencio amoroso, siempre que haya deficiencias en este sentido. Nunca hablará de su compromiso con la expiación, al contrario, orará más. Lo que ella dice debe provenir de la fortaleza de su corazón y debe estar lleno de amor. Debes caminar siempre en presencia de DIOS, y dentro de ti mismo, dirás: “¡Quiero reparar todo, mi JESÚS, misericordia!”

12. ¡Aquí está el camino de la pobreza y este camino es muy hermoso, alegre, tiene la sencillez del niño! 

El alma que lo recorra irá a su trabajo con mucha tranquilidad todos los días, sin preocuparse de si será difícil aquí o allá. Llena de confianza filial, pondrá todo en manos de MARIA y enviará a todas partes a su Santo Ángel de la Guarda como mensajero y precursor. Se desprenderá por completo de todos los insultos y dificultades internas; quiere ser pobre y por tanto libre; quiere ser una hija alegre y fuerte ante el Señor, una hija que solo tiene una cosa en mente: tanto como sea posible, llevar alegría al Señor, a su Madre y a los Santos Ángeles. Quiere ser una hija que obedezca de buena gana, que ayude de buena gana, que de buena gana se quede callada y se quede en un rincón. Por dentro quiere, con alegría, pensar en JESÚS en su corazón y cantarle muchas canciones hermosas, por fuera quiere permanecer en total silencio y en el más valiente cumplimiento de sus deberes.

Ahora tenemos una idea de cómo son estos caminos, por los que algún día podremos convertirnos en “Ángeles de la Guarda”. La familia, la comunidad o el convento realmente tienen valor si son rodeados y protegidos, y si es posible, habitados por Ángeles. ¡Qué alegría habrá entonces en todo el cielo!

Pero hay que estar alerta, y así correr siempre solícito, ayudando con la oración, el sacrificio, la palabra y el amor silencioso. La vigilancia, la atención, también es necesaria, para que el maligno no entre en nuestros hijos ni en nuestro propio corazón. Donde hay discordia, rostros tristes, palabras desagradables, debe comenzar inmediatamente nuestro apostolado a través de un ataque, de la mano de los poderes celestiales del amor. Ellos nos transmiten:

– La prudencia del amor. Tomar medidas para eliminar los obstáculos que podrían dañar el amor en la vida cotidiana; observar dónde y cómo podemos ayudar mejor a través del amor.

– Sacrificios de amor. Ofrecer, por amor y de buena gana, el sacrificio silencioso, y no responder, no justificarnos quizá irritados; también saber esperar en silencio y con paciencia, aceptando un lugar incómodo o un mal lugar expuesto a corrientes de aire, soportando, con paciencia y en silencio, una negativa o una reprimenda, sin tener rencor de nada.

– La medida, el orden en el amor: insertando, sobre todo, respeto en todos nuestros pensamientos, palabras y obras; cada palabra sostenida por el amor de DIOS es serena, no grita, no cambia, nunca habla demasiado.

– La dulzura del amor. Llevar y transmitir paz en todas partes; la calidez de nuestras miradas y palabras debe ser un reflejo de las miradas y palabras de MARIA.

– La interioridad del amor. Se dice que “el amor transforma el corazón del hombre: de la pusilanimidad a la magnanimidad, de la estrechez a la amplitud, de la inquietud a la calma”.

– La claridad y sobriedad del amor: ejerciendo, sobre todo, la santa obediencia, la fidelidad a la regla, a los deberes cotidianos; ser estrictos con nosotros mismos y amables con los demás.

– La armonía y la belleza del amor. Caminar siempre en la presencia de DIOS y abrazar mucho el amor de DIOS, a través de la oración y el sacrificio, la adoración y el deseo ardiente, para que realmente podamos ser una luz.

Entonces, tenemos mucho que practicar. MARIA nos ayudará. El rosario, bien rezado, nos hace serenos, claros, abiertos, amorosos, inclinados al sacrificio y felices interiormente. Recemos siempre el rosario con los Santos Ángeles, los misterios gozosos por nuestro hogar, por los familiares y confiados a nosotros, por los refugiados y por los que están en peligro. Recemos los misterios dolorosos por las intenciones del Santo Padre, por todos los mártires vivos de nuestra Fe, por los matrimonios arruinados, por los consagrados infieles, por nuestra propia salvación. Recemos los misterios gloriosos por nuestros sacerdotes, por las religiosas y familiares fallecidos, por los que luchan contra el infierno, por todas nuestras intenciones y las de nuestros seres queridos, por todas las almas del purgatorio. Oremos, queridas hijas, oremos mucho, no pierdan el tiempo en susceptibilidades o palabras negativas. ¡Oremos llenos de amor y fervor, y DIOS y MARÍA nos bendecirán y ayudarán!

Oración del Opus Angelorum

Señor Jesucristo: Hemos seguido Tu llamado y durante años nos hemos esforzado por intensificar y mantener viva la veneración a los santos Ángeles dentro de la Santa Iglesia. ¡Concédenos la gracia de nunca ser infieles a Tu llamado! Concédenos la fortaleza para ser ejemplo, y que muchos más hermanos nuestros aprendan a amar a los santos Ángeles y a hacer uso de su ayuda. ¡Fortalece en nosotros el espíritu de obediencia y fidelidad a la Santa Madre Iglesia! ¡Sostén en nosotros el amor a la cruz y al sacrificio por Dios! Que no nos cansemos ni vacilemos nunca en medio de las pruebas y aflicciones sobrecogedoras de nuestros días, sino más bien reavívanos de nuevo por medio del agua de la gracia y la Sangre de Tu Divino Corazón. Cuanto más triunfe el mal espiritual, déjanos ser mucho más devotos de los santos Ángeles y ayudarles a alcanzar la victoria, que es únicamente Tu victoria, Señor Dios Todopoderoso. Amén.