La Urgente Necesidad de Orar por los Sacerdotes

Cristo es el Sumo Sacerdote en Él y por medio de Él, Dios nos da todas las cosas. ¡El sacerdote es un alter – Cristo, otro Cristo! Es un don de Dios, a través del cual comunica a la Iglesia sus dones de gracia. “Sin sacerdotes”, exclama el papa Juan Pablo II, “la Iglesia no podría vivir esa obediencia fundamental que está en el corazón mismo de su existencia y su misión en la historia, una obediencia en respuesta al mandato de Cristo: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19) y ‘Haced esto en conmemoración mía’ (Lc 22,19; cf. 1 Cor 11, 24)” (Pastores dabo vobis, 1.).   

El Hijo de Dios se hizo sacerdote por la Encarnación, llegando a ser como nosotros en todas las cosas excepto en el pecado. Esto quiere decir que, el Hijo de Dios comparte nuestra debilidad. Por lo tanto, no es sorprendente que los sacerdotes, aunque compartan ministerialmente el poder de la divinidad de Cristo, sigan sujetos a todas las fragilidades de la naturaleza humana, y también se vean afectados por las tempestades espirituales de los tiempos en que viven.

No es ningún secreto que la Iglesia y, en particular, el sacerdocio, sufrieron una grave crisis de identidad espiritual en los años que siguieron al Concilio Vaticano II. Más de 1.000 sacerdotes abandonaron su ministerio con desilusión y/o amargura. Las vocaciones cayeron dramáticamente: ¡una disminución del 90% en los últimos 30 años! Si bien hay algunos signos de esperanza, ocasionados por un cierto aumento relativo de las vocaciones, sigue siendo cierto el refrán “¡mejor que malo, sigue siendo pobre!” El aumento relativo no remediará la situación en los Estados Unidos: para el año 2005 solo habrá un sacerdote por cada 2.000 católicos. Esto es el doble de la proporción que existía incluso en 1992.   

Con seguridad, Cristo ha prometido estar siempre con su Iglesia (cf Mt 28,20) para que las puertas del infierno nunca prevalezcan contra ella (cf. Mt 16,19). Pero esto no significa que lobos rapaces, no se levanten y no perdonen al rebaño (ver Hechos 20, 29). Por lo tanto, mientras “la Iglesia no puede ser destruida”, explica el padre John Hardon, SJ, “la Iglesia en cualquier país puede ser eliminada. Tenemos alrededor de 1900 diócesis extintas hoy en el mundo”. Su pronóstico es sombrío: “Salvo un milagro de gracia, una diócesis tras otra en los Estados Unidos desaparecerá”.      

El Santo Padre, Juan Pablo II corrobora la gravedad de la situación; advierte que una crisis espiritual de proporciones sin precedentes se avecina en el horizonte. De hecho, les dijo a los obispos de Nueva Inglaterra, durante su visita ad limina, en el otoño pasado, que si no se hacía algo rápidamente para remediar la situación, temía que pudiera seguir a este siglo de lágrimas, una nueva era de barbarie, en lugar de un tiempo de primavera para la Iglesia” (Osservatore Romano, 28 October, 1998.)  

¿Cuál es la causa de esta crisis? – que es la más grande en la historia de la Iglesia, según el p. Hardon, él cree que esta crisis, consiste en la pérdida de la Fe, de los obispos y sacerdotes, en sus poderes sacerdotales. En otras palabras, la crisis más profunda y revolucionaria jamás sufrida, mucho mayor que las persecuciones romanas de la Iglesia primitiva, tiene su raíz en el fracaso de los sacerdotes para cumplir con su deber.    

Entonces, ¿qué podemos hacer para aliviar esta crítica escasez de sacerdotes? ¿Qué podemos hacer para restaurar la fe de los sacerdotes que se han debilitado o que ya han abandonado su sagrada posición? Por encima de todo debemos rezar. Jesús le aseguró a Pedro, previendo su juicio, “¡He orado por ti, para que tu fe no desfallezca!” (Lc 22,32). Y así, el Santo Padre nos anima a que hagamos poderosos actos de confianza: “Ante una crisis de vocaciones sacerdotales, la primera respuesta que da la Iglesia radica en un acto total de fe en el Espíritu Santo. Estamos profundamente convencidos de que este confiado abandono no decepcionará, si permanecemos fieles a las gracias que hemos recibido. Por lo tanto, la Iglesia nunca debe dejar de rezar al Señor de la cosecha para que envíe obreros a su mies (cf. Mt 9,38)” (Pastores dabo vobis, 1.). Porque “es posible”, explicó en el Día Mundial de las Vocaciones, el año pasado, “generar nuevas vocaciones en el espíritu solo cuando la comunidad cristiana vive en una actitud de total fidelidad al Señor”. (Mensage para el XXV día mundial de oración por las vocaciones, 3 May 1998).

De lo anterior queda claro que la crisis vocacional también está integralmente vinculada a la crisis familiar y a una visión del mundo que se opone a la vida. Allí, el Santo Padre señala: “Jesús mismo nos ha mostrado con su propio ejemplo que la oración y el ayuno son las primeras y más efectivas armas contra las fuerzas del mal” (cf. Mt 4,1 -1 1). Él enseñaba a sus discípulos que, alguna clase de demonios no pueden ser expulsados ​​sino es con la oración (cf Mc 9,29). Por lo tanto, descubramos de nuevo la humildad y el coraje de rezar y ayunar para que el poder de lo alto derribe los muros de las mentiras y del engaño… Que este mismo poder convierta los corazones, de nuestros hermanos y hermanas, en resoluciones y objetivos inspirados en la civilización de la vida y el amor”. 5   

Pero ni siquiera esto es suficiente. Debemos hacer más que simplemente ayunar y orar en estos tiempos difíciles, para fortalecer a los sacerdotes en su vocación y merecer más de Dios: necesitamos cultivar un espíritu de sacrificio y expiación. Por sus sufrimientos en la cruz, Cristo nos redimió; al unir nuestros sufrimientos a los suyos, contribuiremos al bienestar de la Iglesia y a la santidad de los sacerdotes.  

Finalmente, en este momento de la historia, todos tenemos la seria obligación de “aumentar nuestro celo apostólico, para transmitir a otros, la luz y la alegría de la fe”. Pues “no podemos estar contentos al considerar a los millones de hermanos y hermanas, que como nosotros, han sido redimidos por la sangre de Cristo, pero que viven en la ignorancia del amor de Dios”. 6 Son ignorantes de Cristo y de las Escrituras principalmente porque faltan sacerdotes santos. 

El Santo Padre se alegra del aumento de las vocaciones y prevé el amanecer de una nueva era misionera, que se convertirá en un día radiante que producirá una abundante cosecha si, y este es un importante “si” – todos los cristianos “responden con generosidad y santidad a las llamadas y desafíos de nuestro tiempo”. 7 

Por lo tanto, ofrezcamos, como el Santo Padre nos pide, “oraciones incesantes por los sacerdotes… de rodillas”. 8


1. Pastores dabo vobis, 1. 
2. L’Osservatore Romano, 28 de octubre de 1998. 
3. Pastores dabo vobis , 1. 
4. Mensaje para el XY.XV Día Mundial de Oración por la Vocación, 3 de mayo de 1998. 
5. Evangelium Vitae, 100.2 
6. Redemptoris Missio , 85,3. 
7. Redemptoris Missio , 85,3. 
8. Carta del Jueves Santo para los sacerdotes, 1982.