Obra de los Santos Ángeles

Cartas de formación 1

Meditación

Origen y misión de la Obra de los santos Ángeles

Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio, 1 Tim 1,12

Finalidad de la Obra de los Santos Ángeles

         En la Iglesia Católica se desarrolla una multiformidad de carismas entre los diversos movimientos que han surgido y han recibido aprobación eclesiástica. El Espíritu Santo reparte entre toda clase de fieles, gracias, … los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de oficios provechosos para la renovación y más amplia y provechosa edificación de la Iglesia (Vaticano II: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium 12).

Los diversos carismas, dentro de la Iglesia, tienen la misma finalidad, pero con diferentes características. Como cristianos somos llamados a adorar a DIOS y colaborar en la expansión de Su reino por el servicio en la misma Iglesia. CRISTO quiso unir todas las cosas en Si. Él (DIOS) nos hizo conocer el misterio de su voluntad, la libre decisión que había tomado otrora de llevar la historia a su plenitud, reuniendo el universo entero, tanto las cosas celestes como las terrestres, bajo una sola cabeza, CRISTO (Ef 1,9-10). Y, en el libro del Apocalipsis, leemos: Me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de DIOS. La gloria de DIOS estaba en ella (21,11). Esta imagen muestra la belleza y la santidad de la Alianza de DIOS con nosotros. En la Obra de los Santos Ángeles queremos pues construir esa ciudad que es la Iglesia, en una unión íntima, junto con todos los Ángeles. 

falsas esperanzas

La Providencia Divina construye la Iglesia

       La Providencia de DIOS es un misterio grande en la creación. Ciertos acontecimientos sólo después de mucho tiempo son descubiertos por los hombres porque los pensamientos de DIOS sobrepasan los cielos, en Él se juntan el tiempo y la eternidad: Los planes del Señor permanecen eternamente, los designios de Su corazón de generación en generación (Sal 32,11). Ningún tiempo está fuera de la mano de DIOS, y la Iglesia tiene la promesa formal de que DIOS la conduce en el ESPÍRITU SANTO.

       Nosotros también vemos en la Obra de los Santos Ángeles un instrumento de la Providencia de DIOS. La Divina Providencia escoge para realizar sus santas intenciones, los instrumentos apropiados. La falla de estos instrumentos disminuye la bendición, en cambio, su implementación obtiene efectivamente la abundancia.

       Eso ya es visible en la historia de la Iglesia: para las necesidades de cada tiempo, DIOS concedió la ayuda correspondiente. Después del tiempo fuerte de los mártires, llegó el tiempo de la vida religiosa en la Iglesia para la conservación y el apoyo del celo en la fe y de la intensa vida interior en el amor. Después de las Cruzadas, las nuevas Ordenes de los mendicantes fueron la fuerza contraria al lujo naciente. Contra la indiferencia del corazón en el racionalismo, el calor interior se recuperó por la devoción al Sagrado Corazón de JESÚS. En las necesidades sociales de los tiempos modernos, DIOS despertó los fundadores de Ordenes sagradas para la educación, el cuidado de los enfermos, etc. Para contrarrestar la sensualidad introdujo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y para oponerse al materialismo y al ateísmo en los tiempos modernos, Dios envía a sus santos Ángeles. Muchas veces fue suscitando algún santo o alguna comunidad cuya vocación fuera apta, como ayuda en esa tal necesidad, para la realización del pensamiento de DIOS.

 

Inicios de la OA

En el año 1949 se originó en Innsbruck, Austria, el movimiento espiritual “Obra de los Santos Ángeles” (Opus Sanctorum Angelorum, o también OA). Después de años de exámenes y crecimiento, el Ordinario del lugar erigió en Innsbruck, el día 20 de abril de 1961, la Cofradía de los Santos Ángeles de la Guarda –Sodalitium  in honorem Sanctorum Angelorum Custodum– como primera asociación dentro del movimiento espiritual Obra de los Santos Ángeles. La Cofradía de los Santos Ángeles de la Guarda adquirió el castillo St. Petersberg, que desde 1979 pasó a ser Monasterio, como centro de toda la Obra de los Santos Ángeles, la cual se propagó en América Latina y en otros continentes.

            La Obra de los Santos Ángeles (Opus Angelorum – OA) es un movimiento católico que promueve la devoción a los Santos Ángeles. Los miembros buscan una colaboración consciente del hombre con los santos Ángeles para la glorificación de DIOS en común. Esta Obra se dirige a todos los fieles, y los invita a una vida consciente y profundizada con los Santos Ángeles. Se quiere difundir una espiritualidad dentro de la Iglesia, llamando la atención a la misión de los Ángeles, que consiste en servir al Señor Jesucristo y conducir a los hombres a la alabanza de la gloria de Dios. Los Santos Ángeles, que son espíritus servidores, enviados para ayudar a aquellos, que han de heredar la salvación (Hb 1,14), quieren permanecer con nosotros para ayudarnos a crecer en el conocimiento y amor a Dios. El objetivo es que ellos sean mejor conocidos como potentes siervos de Dios, que puedan ser amados e invocados en las necesidades de nuestro tiempo, para ayudarnos.

Otras características de la Obra de los Santos Ángeles son: la educación para la adoración a Dios, la promoción de la piedad eucarística, la veneración a María, la lealtad y la obediencia al Santo Padre y la ayuda a los sacerdotes.

            Durante el año 1979 fue restaurada, por iniciativa de la Obra de los Santos Ángeles, la antigua Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz. La restauración se dio en colaboración con algunos obispos portugueses a través de sacerdotes de la Obra con un Decreto de la Santa Sede del 29 de mayo de 1979. La Orden de la Santa Cruz, comunidad de Canónigos Regulares, fue fundada en Coimbra/Portugal en el año 1131. Su primer prior fue San Teotonio. La Orden naciente fue aprobada por el Papa Inocencio II en el año 1135. Se dedicó especialmente a la liturgia solemne, al anuncio del santo Evangelio y a la renovación de la vida del clero. Por 700 años estuvo floreciente, hasta que  fue suprimida por el gobierno portugués en el año 1834. Ahora, la Iglesia reconoce la Orden restaurada y la Obra de los Santos Ángeles como dos instituciones. Mientras la Orden debe su restauración a la Obra, ésta, a su vez, recibe asistencia espiritual y animación de parte de la Orden.
          Para asegurar el desarrollo de la Obra de los Santos Ángeles conforme a las directrices de la Iglesia, se ha considerado conveniente que la misma Orden de la Santa Cruz tomara el cargo de dirigir espiritualmente ese movimiento mundial en colaboración con la Santa Sede. Así es que los Canónigos Regulares de la Santa Cruz promueven la espiritualidad de la Obra, que es en concreto el orientar y acompañar a sus miembros. Esto se realiza mediante los retiros y ejercicios espirituales, publicaciones y cartas circulares.

 

La ayuda de DIOS para nuestro tiempo mediante la Obra de los santos Ángeles

       Nuestro tiempo es diferente a los siglos anteriores en muchos aspectos. Vivimos en un mundo de globalización donde reina el progreso técnico y el bienestar económico. Estamos marcados por el dinamismo comercial, poseemos la energía nuclear, los medios modernos de comunicación; la democratización sustituyó situaciones políticas precedentes. El hombre está conquistando el mundo material del cosmos que lo rodea, pero en su mundo interior y espiritual, el hombre permanece desprotegido, si no tiene la ley y la gracia de DIOS.

       La agitación de nuestro mundo de hoy parece favorecer una confusión espiritual, aunque ciertamente, todo transcurre en el camino que DIOS señaló, y creemos que DIOS tiene todo en Sus manos. No obstante, se siente la influencia de los poderes satánicos y se tiene la impresión de que el diablo sabe que su tiempo es corto, el tiempo que todavía tiene de acuerdo con la Providencia insondable de DIOS, para probar a la humanidad. En el plan de DIOS todo fue previsto desde hace mucho tiempo y también su remedio: el envío de los Santos Ángeles. Pero, nos llama la atención también el gran interés que se ha despertado por el mundo de los Ángeles, que es presentado en ciertas corrientes esotéricas, como también en los libros que se publican con este contenido y en este mismo sentido. En un tiempo de confusión espiritual, es necesaria una luz clara y una mano fuerte para encontrar el camino verdadero.

       En la Obra de los santos Ángeles queremos buscar los remedios espirituales contra la indiferencia religiosa por medio de la adoración y vivencia continua en la presencia de DIOS. Los Santos Ángeles nos quieren despertar para el amor a DIOS. Y si Dios es amor, significa que Él tiene un plan que da sentido al mundo y ofrece una salida feliz a la confusión que nos rodea. La meditación de la Pasión de Cristo nos hace descubrir el inmenso amor de DIOS. Decía el famoso obispo Fulton Sheen en una predicación: “CRISTO está en la cruz para que nos preguntemos porque Él está en la cruz”. Es una invitación para acompañar a JESUS. Ciertamente, la celebración semanal de la Passio Domini (la Pasión del Señor) suscita en nosotros la voluntad de compartir el inmenso deseo de DIOS que todos los hombres se salven. En este sentido, el Santo Ángel espera de nosotros la prontitud para seguir al Señor, para la reparación y la penitencia, y para un amor extraordinario a DIOS.

       Esta misión con el Santo Ángel requiere una cierta preparación. Para el encuentro del Ángel y del hombre y para el trabajo común y eficaz en el Reino de DIOS, es necesaria una formación con cierta disciplina. DIOS nos facilita, por medio de esta convivencia entre Ángel y hombre, el poder servir a Sus planes divinos. Por medio de la consagración (al santo Ángel) aprobada por la Santa Iglesia, el hombre quiere permitir más conscientemente la acción del Santo Ángel en su vida. De este modo ellos tienen mayor posibilidad para influir en la formación y educación del carácter del hombre, para darle ejemplo de vivir en la presencia de DIOS y del amor por la oración y la adoración.

Cuatro direcciones

Adoración - Contemplación - Expiación - Misión

Queremos vivir nuestra espiritualidad por medio de:

La Adoración, que es la primera característica esencial: el amor a la oración, la práctica de la adoración perpetua y la participación diaria, dentro de lo posible, en el Sacrificio de la Santa Misa con la recepción de la Comunión. El primer mandamiento es amar a DIOS sobre todas las cosas. Los Santos Ángeles “dan alas” a nuestro amor a DIOS porque nos muestran la grandeza de Su amor. En la adoración nos entregamos a Dios con un espíritu de desprendimiento interior.

La Contemplación: es la segunda característica esencial: la contemplación de la Palabra y de la obra salvadora de Dios. La contemplación se vuelve fecunda en la transformación interior y se manifiesta a través de las obras; consiste en mirar y contemplar el rostro de DIOS como lo hacen los Ángeles. Admirarse con los misterios divinos y creer en ellos. Los Santos Ángeles nos iluminan y nos ayudan a poner en práctica aquello que contemplamos.

La Expiación: es la tercera característica esencial: expiación por los propios pecados y los de la humanidad, por la santificación de los sacerdotes y consagrados (Cf. Pío XI, Encíclica Miserentissimus Redemptor y Oración de desagravio al Sacratísimo Corazón de Jesús); Consiste en trabajar por la salvación de las almas. Así como el Ángel confortó a Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos (Lc 22,43), también nosotros somos fortalecidos por ellos para que permanezcamos firmes y fieles en las horas que estemos delante de la cruz y para que ofrezcamos todo en reparación por las ofensas hechas a DIOS.

La Misión: es la cuarta característica esencial: la cooperación en la misión apostólica de la Santa Iglesia (Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, 65; Cf. can. 211) y la ayuda efectiva al prójimo a través de obras corporales y espirituales de misericordia. La Iglesia es misionera por esencia (Christifidelis Laici, N. 35). Jesús confió Su misión a los apóstoles. Ángeles y hombres son enviados para construir el reino de los cielos ya aquí en la tierra.

Los miembros anhelan la perfección cristiana de acuerdo con estas orientaciones espirituales fundamentales.

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La Consagración a los santos Ángeles

            Después de realizar amplios estudios teológicos sobre el fundamento y la historia de las Consagraciones a los Santos Ángeles, por petición del Delegado Apostólico, instituido por la Santa Sede para la OA, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma aprobó, el día 31 de mayo de 2000, una fórmula de Consagración a los Santos Ángeles propia para el Opus Angelorum. La Congregación aclaró que el texto “no se opone en nada a la tradición teológica ni espiritual de la Iglesia”. La consagración debe ser entendida en el sentido de la tradición patrística, tomista y católica, conforme al espíritu del Concilio Vaticano II.

            La consagración establece un pacto o una alianza con los Santos Ángeles, fortaleciendo la comunión con ellos. Por la unión, que de esta manera se establece con la Iglesia celestial, el hombre quiere adorar a Dios junto con los Ángeles. Por la consagración se espera de los Santos Ángeles una asistencia y apoyo especial en el camino del alma hacia Dios. Les manifestamos a los Santos Ángeles nuestra fe en ellos, nuestra confianza y amor, y les prestamos veneración y gratitud. La unión con ellos estimula la alabanza conjunta de Dios y el compromiso conjunto por la salvación de las almas. Se ve que por tal compromiso, tomado en serio, aumenta la fecundidad espiritual del alma entregada a Dios, y la Comunión de los Santos llega más rápidamente a su perfección. De esta manera, los Santos Ángeles pueden llevar a cabo mejor la misión que recibieron de Dios, de proteger y guiar al hombre, y el hombre colabora más conscientemente con ellos para la gloria de Dios y la venida de Su Reino.

 Conocer a los Ángeles

“El nuevo despertar de una fe profunda en los poderosos Santos Ángeles es el indicio de la providencia divina en nuestro tiempo” (Pablo VI).

Nuestros amigos y auxiliadores celestiales, los Santos Ángeles, son espíritus poderosos del reino sobrenatural que siempre están prontos para ayudarnos. En tanto criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles.” (Catecismo de la Iglesia Católica = Cat, n. 330).

Reciben directamente de Dios su misión, y nos prestan muchos servicios sin que lo notemos. Pero no pueden realizar su misión principal con nosotros, o sea, nuestra santificación, sin nuestra colaboración. Ellos esperan que nosotros los invoquemos, y que lleguemos a una unión íntima con ellos especialmente, porque el demonio ronda “como un león que ruge, buscando a quien devorar” (1 P 5,8).

Según el testimonio de la Sagrada Escritura y de toda la Tradición de la Iglesia, en particular de los Padres de la Iglesia, existe un número inimaginable de Ángeles en la jerarquía celestial. Cada hombre tiene su Ángel de la Guarda que, como mensajero de Dios, habla a nuestra conciencia, a veces con suavidad, otras veces nos amonesta, hasta con cierta insistencia, pero siempre lucha por nosotros y con nosotros.

¿Será que estamos atentos a la voz de nuestros Ángeles? ¿Nosotros los invocamos con frecuencia? Ciertamente, si estuviéramos unidos a ellos podríamos reconocer mejor la voluntad de Dios y cumplirla con mayor prontitud.

Los hombres están ávidos de conocimiento sobre el mundo material, de la ciencia, biología y leyes de la naturaleza. Estudian el cielo con sus estrellas, el mundo de los animales y de las plantas. Cuentan con numerosa información y posibilidades de comunicación a través de las computadoras. Pero, ¿Qué saben de Dios, de Sus misterios y del mundo invisible de los Santos Ángeles que El creó? Dios creó los Santos Ángeles. Es dogma de fe (Cat. nn. 327 y 328). 

anapolis igreja

En el Antiguo Testamento los Santos Ángeles recibieron varios nombres: los enviados, mensajeros, espíritus, hijos de Dios (perteneciendo a la familia de Dios), guardas, moradores del cielo, ejércitos celestiales. Ellos forman, por así decir, la cohorte de Dios y son enviados a los hombres para participar y ayudar en la obra de la salvación como Sus instrumentos. El Antiguo Testamento está lleno de testimonios impresionantes sobre los Santos Ángeles que Dios siempre envió de nuevo a los hombres a fin de que revelaran algo de Su gloria. Veamos algunos ejemplos: los tres hombres misteriosos que anunciaron a Abraham el nacimiento de su hijo (Gen 18,1-8), o aquel Ángel grandioso del Señor que preparó a Moisés para el encuentro con Dios en la zarza ardiente (Ex 3,2ss.). El profeta Isaías vio a los Serafines postrándose delante del trono de Dios cantando: “Santo, Santo, Santo” (Is 6,3). Uno de éstos tocó con el carbón ardiente la boca del joven Isaías para purificarlo.

Sabemos que Dios envió a los Santos Ángeles para transmitir a los hombres Su santa voluntad: Un Ángel consoló a Agar y le ordenó que, en nombre de Dios, volviera a Sara su señora (Gen 16,6-11). En el libro de los Números leemos que el Ángel con la espada desenvainada en la mano condujo a Balaam por el buen camino. “Yo vine a oponerme a ti porque sigues un camino que te lleva al precipicio” (Num 22,32).

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espiritualidad OA

 

También en “situaciones difíciles” Dios siempre envió a los Santos Ángeles para consolar y confortar a sus fieles y para salvarlos de la muerte. Cuando Elías fue perseguido, perdió el ánimo y hasta quería morir debajo de un junípero, el Ángel confortó al profeta y le hizo comer pan y agua animándolo a continuar su camino hasta el monte Horeb donde Dios le reveló Su suavidad y misericordia (1R 19,7).  También  al profeta Daniel Dios envió un Ángel para salvarlo en la cueva de los leones y para que no muriera de hambre (Dan 14,34-38). Impresiona el relato de los tres jóvenes Sidrac, Misac y Abdénego en el exilio de Babilonia. Firmes en la fe se resistieron al culto de los dioses y a adorar la estatua de oro de Nabucodonosor, por lo que fueron lanzados en la hoguera ardiente, atizada siete veces más de lo normal, el Ángel del Señor descendió a Azarías y sus compañeros y apartó el fuego (Dan 3,49-95).

Así pues, no nos admiremos cuando David canta en sus Salmos la presencia protectora de los Ángeles: “Porque a sus Ángeles Él mandó que te guarden en todos tus caminos” (Sal 91,11).

En el libro de Tobías tenemos otro bello testimonio de la ayuda de los Santos Ángeles. Dios escucha la oración de Tobit y envía un Ángel a su hijo Tobías al que le da buenos consejos y le guía con seguridad hasta su futura esposa Sara. Cuando Tobías regresó a casa de sus padres, quiso agradecer y dar la gratificación a su compañero de viaje, ahora su amigo, entonces él se le da a conocer como Ángel: “Yo soy el Ángel Rafael, uno de los siete que asistimos en la presencia del Señor” (Tob 12,15ss.).

 

Preguntas para examinar nuestra comprensión:

1 – ¿Cuál es la ayuda que ofrece DIOS a la Iglesia y al mundo mediante la Cofradía de los Ángeles de la Guarda, y qué significa para mí la Cofradía?

2 – ¿Cómo se debe fundamentar nuestra veneración a los Santos Ángeles?

3 – ¿Cómo se explica la cooperación entre Ángel y hombre?

4 – ¿Qué podemos esperar de la veneración y de la unión con los Santos Ángeles?

5 – ¿Cómo se manifiesta, en general, la Providencia de DIOS para Su Iglesia?

6 – ¿Cuál es la mayor necesidad de nuestro tiempo y cuál la ayuda correspondiente?

7 – ¿Cómo se entiende que la Obra de los Santos Ángeles es una ayuda de DIOS para nuestro tiempo?

       Es bueno responder estas preguntas personalmente. ¡La reflexión ayuda a la comprensión!