Cuaresma Viernes I: Viacrucis – El abandono expiatorio

Cada sufrimiento y cada aborrecimiento en nuestra vida puede ser una invitación de JESÚS a hacer de él un sacrificio expiatorio para el bien de la Iglesia y de las almas. Aceptándolo con prontitud, sin reclamaciones y quejas, puede ser un fruto precioso, desconocido por el mundo, pero algo grandioso delante de Dios.

1ª estación: JESÚS es condenado a la muerte.

JESÚS es condenado a la muerte con las actitudes de negación de la verdad evangélica y de Sus mandamientos, el rechazo de las leyes de la Iglesia y de las orientaciones eclesiásticas, consideradas antiguas y pasadas de moda. Estos son vistos como un obstáculo para vivir la libertad plena o como imposibles de practicarlos, y no como un bien o una ayuda a la perfección, que ni se desea ni se procura más. Muchos no obedecen al Papa, lo calumnian e insultan, olvidándose del respeto que se debe al Vicario de Cristo.

(Silencio)

D – En tus mandamientos meditaré, y consideraré tus caminos.

T – En tus estatutos me recrearé, no olvidaré Tus palabras (Sl 119,15s).

Gracias, Señor, que nos diste Tu palabra. Gracias porque nos diste la Iglesia que nos orienta. Gracias que nos diste al Santo Padre como Tu representante, visible en la tierra. Gracias por Tus mandamientos y leyes que son el camino de nuestra salvación. Déjame ser un alma expiatoria por todos los que desviaron de Tus caminos, por toda la desobediencia y falta de respeto delante Tus ministros. Y ¡perdona, Señor, toda ceguera espiritual, toda obstinación de la voluntad contra Ti y Tus mandamientos! ¡Perdón, Señor, perdón!

2ª estación: JESÚS recibe la cruz

El modo como aceptamos la Cruz manifiesta nuestro amor a JESUCRISTRO. La forma de tomar la Cruz es la marca de Sus discípulos. Pero, ¡qué horror tenemos a la Cruz! Hoy se hace de todo para evitar cualquier sufrimiento o Cruz; para todo luego hay un remedio, buscamos un alivio. Ni queremos cargar el peso del trabajo ni de los sacrificios necesarios cada día sin buscar una manera más leve, más fácil o más agradable a nosotros.

¡Aprendamos de Cristo el amor a la Cruz! ¡Alimentemos en nosotros un verdadero espíritu de sacrificio! Es que el amor se sacrifica. El perezoso no quiere sacrificios porque no ama de verdad. Ama su yo y su voluntad propia, pero no a Dios, ni su deber, ni al prójimo.

(Silencio)

D – Si alguno quiere venir detrás de Mí, que renuncie a sí mismo,

T – que cargue con su cruz cada día y me siga (Lc 9,23).

Señor, quita de nosotros todo tipo de egoísmo, todo miedo de la cruz o espíritu de lamentación que es falsa auto-conmiseración y compasión de sí mismo. Enséñanos que la verdad es dura como la cruz, pero tiene que ser aceptada con mucho amor e humildad.

3ª estación: JESÚS cae por primera vez.

Soportar, perseverar, cargar su fardo sin quejarse, ofreciéndolo a Dios y dando gracias por eso, son como Rosarios de oración, rezados por quien no reza. ¡Cuánta gente no reza o reza muy poco! Toda nuestra vida debe ser oración, elevación del alma a Dios en las cosas más pequeñas de cada día. El valor de nuestra cruz disminuye con las disculpas y aumenta con la aceptación pronta y amorosa, la disponibilidad y el espíritu de servicio desinteresado. Los sacrificios escondidos son el mayor tesoro para la eternidad, sin que nadie lo perciba.

(Silencio)

D – Angustiado él, y afligido, no abrió su boca. Como oveja, fue llevado al matadero; y como cordero delante de sus trasquiladores enmudeció;

T – y no abrió su boca (Is 53,7).

Tu silencio, Señor, delante de los malhechores es humildad perfecta, admirable, irradiante. Tú Te callas delante la injusticia y dejas hacer contigo lo que los hombres quieren. Señor, enséñame a cargar mi cruz en silencio y con mucho amor, con humildad y simplicidad, solamente visto por Ti y por más ninguno.

4ª estación: JESÚS encuentra Su Madre

En el vía crucis hay muchos enemigos y poquísimos amigos. JESÚS encuentra Su Madre, a la cual casi Le quiebra el corazón. Es un encuentro de dos corazones, llenos de amor. Ambos dicen “sí” a la voluntad del Padre, y continúan el camino. Y la espada del dolor entrará todavía más profundamente en el Corazón de la Virgen, cuando tendrá Su Hijo muerto en Sus brazos. Como Madre sintió los dolores más intensamente y con mayor profundidad. Amar y sufrir son dos realidades unidas que se completan.

(Silencio)

D – Mi alma está harta de males, y mi vida al borde del sepulcro.

T – Soy contado entre los que bajan a la fosa, soy como un inválido (Sl 88,3s).

Tú, oh María, eres el jardín de Dios, donde crecen cada día nuevos frutos de bondad y santidad. Déjanos colaborar contigo en la obra de salvación de JESUCRISTRO, Tu Hijo, procurando en ayudar a los hermanos con nuestras oraciones, sacrificios, buenos ejemplos y buenas palabras. Déjanos participar de tu oficio de Medianera de gracias, a fin de que, contigo, seamos el canal que haga pasar las gracias del Corazón de Cristo a los corazones de los hombres. Amén.

5ª estación: Simón Cirineo ayuda a cargar la cruz.

En la expiación, JESÚS nos deja participar de Sus sufrimientos, de cierto modo “ayudándolo” a Él en cargar la Cruz para la salvación del mundo. En la Iglesia y muchas almas participan de la Pasión de Cristo, sobre todo en países donde se persiguen a los cristianos. La vida con Cristo no consiste simplemente en suavidades, gozos y consolaciones. Es importante ofrecer todos los sufrimientos, enfermedades, persecuciones y adversidades de la vida por el bien de la Iglesia, de modo particular por el Santo Padre, por los sacerdotes, las vocaciones sacerdotales y religiosas y por la salvación de las almas más alejadas de Dios.

(Silencio)

D – Ahora me gozo en los padecimientos a causa de vosotros, y completo en mi carne

T – lo que falta a las tribulaciones de Cristo, para bien de su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24).

Enséñame, Señor, que el camino de Tu seguimiento no pasa por la calle de las consolaciones espirituales y de una devoción fácil, sino por la vía crucis. Aun así quiero sufrir por amor, uniéndome a Tu Cruz. Haz conmigo lo que quieras, pero haz que nadie más se pierda para la eternidad. Amén.

6ª estación: Verónica enjuga el rostro de JESÚS

El rostro de Cristo estaba bañado de sudor y sangre. La corona de espina Le causaba mucho dolor. JESÚS lo soportó todo con mucho amor para expiar los pecados del orgullo y de soberbia, de malos pensamientos y de críticas, de vanidades y vanagloria. Ofrezcamos nuestros dolores de cabeza en expiación por tales pecados, a fin de que las mentes sean purificadas de todo lo que no Le agrada a Dios en los pensamientos. Recemos, cumplamos bien nuestros deberes y aceptemos generosamente las cruces que Dios permite y transforma en bendición. Ahora es el tiempo de sufrir, los frutos vienen después.

(Silencio)

D – He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en humildad y sé vivir en abundancia;

T – Todo lo puedo en el Cristo que me conforta (Fil 4,11.13).

Señor, hágase en todo Tu santa voluntad. Me dispongo en aceptar todo de Tus manos, como Te parezca mejor. Acéptame como soy y hazme así como quieres que yo sea. Amén.

7ª estación: JESÚS cae por segunda vez.

Los pecados de tibieza e indiferencia religiosa hacen caer JESÚS de nuevo. Hay bautizados e hijos de Dios que no rezan, no se confiesan, no asisten a la Misa dominical, no se preocupan de la práctica de la vida religiosa y viven como paganos. Buscan a Dios solamente cuando necesitan de favores. Piensan que puedan vivir bien sin Dios, ya que el materialismo y las ciencias lo resuelven todo. Si les va bien, no lo consideran como una gracia de Dios, sino un derecho. Si les va mal, culpan a Dios, preguntándose cómo Él puede permitir tal mal. Las catástrofes naturales, les parecen que es una prueba que Dios no existe, porque si no las impediría. Y se alejan todavía más de Dios, pero no se convierten.

(Silencio)

D – Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya un corazón tan malo que se aparte del Dios vivo por su incredulidad.  Antes bien, exhortaos unos a los otros, cada día, mientras dure este: Hoy,

T – para que ninguno de vosotros se endurezca a causa del pecado (Hbr 3,12s).

Señor, por Tu segunda caída, todavía más dolorosa, ten piedad de todos los que están perdidos en sus vicios y su vida pecaminosa. Perdona toda indiferencia religiosa, toda falta de fe y práctica de la vida de piedad, toda idea de considerarse justo sin serlo. ¡Piedad, Señor, ten piedad!

8ª estación: JESÚS encuentra las santas mujeres

Las santas mujeres personifican los pocos amigos que JESÚS encuentra en Su vía crucis a través de los siglos.  Con sus lágrimas, como las de Santa Mónica, han regado las almas perdidas, con sus ruegos consiguieron salvar muchas almas y detener catástrofes. En Sus pocas palabras a las mujeres de Jerusalén JESÚS indicó por quienes ellas deben rezar y llorar: por los pecados. Por sus pecados y los de sus hijos. Esto vale también para hoy. ¡Cuántas madres lloran sobre sus hijos desviados de los caminos de Dios! A través de sus oraciones y penitencias buscan salvar lo que todavía pueda ser salvado.

Una forma de cambiar la suerte del prójimo es la expiación.  Si soportamos todo por amor, ofreciéndolo al Señor por la conversión de otros, entonces el mal se convierte en bien, el problema en gracia, la dificultad en victoria, lo difícil se vuelve fácil, siempre porque Dios actúa. Para eso, es importante ofrecer nuestro trabajo cansador y aburrido, las incomprensiones, las palabras mordaces y duras que recibimos, el olvido y el desprecio que experimentamos, las desconfianzas que sentimos en nuestra vida, las enfermedades, dificultades y tentaciones, cruces de todo tipo, tal y como aparezcan en la vida.

(Silencio)

D – Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman,

T – de aquellos que Él llamó según Su designio, a ser santos (Rm 8,28).

¡Oh JESÚS! Por amor soportaste todo, por amor cargaste Tu Cruz, por amor sufriste por nosotros. ¡Que nuestra respuesta sea también el amor generoso y creciente a Ti, nuestro Redentor!

9ª estación: JESÚS cae por tercera vez.

Todo el vía crucis de JESÚS es un proceso de inmolación de Sí mismo hasta la muerte. En cada Santa Misa, JESÚS hace presente su inmolación en la cruz, entregándose totalmente al Padre como Cordero expiatorio por los pecados del mundo. JESÚS es el Sacerdote que inmola en la Cruz a las almas totalmente entregadas. Es en este dolor que JESÚS desposa a las almas y las liga para siempre a Sí.

Cuando nos sentimos débiles, cada obra cuesta más sacrificios que normalmente. Y cuando nos llama el deber, fácilmente queremos desistir, no respondemos, nos falta el entusiasmo. Es esta la hora de ofrecer a JESÚS el propio esfuerzo para el bien de las almas, a ser fiel en las cosas pequeñas, a perseverar sin quejarse. Es la hora del amor que se sacrifica por los otros sin considerar las fatigas, que la obra de caridad puede costar, sino que mira únicamente a Cristo, que perseveró en Su vía crucis hasta el fin. Es esta la hora en que JESÚS nos pone a prueba de la fidelidad, la hora en que Le mostramos la verdad de nuestro corazón.

(Silencio)

D – Porque la insensatez de Dios es más sabia que los hombres; y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres.

T – Dios ha escogido lo insensato del mundo para confundir a los sabios;

D – y lo débil del mundo ha elegido Dios,

T – para confundir a los fuertes (1 Cor 1,25.27).

Padre, acepta nuestras oraciones, sacrificios y penitencias a favor del Santo Padre, el Papa y las intenciones de la Iglesia. Haznos perseverar firmes en la fe, constantes en la esperanza, ardientes en el amor, y permanecer fieles aunque tengamos que llevar la cruz, porque es solamente por Tu fuerza que nosotros, unidos a Tu Hijo, nuestro Señor JESUCRISTRO, podremos vencer. Amén.

10ª estación: JESÚS es despojado de los vestidos.

El despojamiento fue una gran humillación para JESÚS. Fue la reparación por los pecados de la carne, pero también por el orgullo y la soberbia que exigen como expiación la humillación. Es mejor aceptar humillaciones que sufrimos sin haberlas buscado, que aparentar ser humilde sin serlo, porque detrás de ello hay vanidad espiritual. La humildad oculta, ofrecida a Dios por amor, tiene de hecho un gran valor expiatorio.

Hoy, JESÚS vive una vida muy humilde en la Eucaristía. Y Él sufre por la falta de fe, de respeto y reverencia, por comuniones indignas, por conversaciones en la iglesia, como se fuera un salón de conferencias, cuando JESÚS es robado, vendido y profanado en la Eucaristía, y por muchas actitudes delante del sagrario con las que, efectivamente, se ignora Su presencia real.

(Silencio)

D – Humillaos delante de la presencia del Señor,

T – y Él os ensalzará (St 4,10).

Señor, déjanos expiar todos los pecados de irreverencia delante el Santísimo Sacramento del Altar, en la recepción de la Sagrada Comunión, y toda falta de respeto en las iglesias. Por medio de Tus Santos Ángeles despierta en las almas el espíritu del verdadero temor de Dios, de adoración y de conciencia de lo sagrado. ¡Que Tu despojamiento en la Eucaristía no sea una causa de negligencia en la devoción Eucarística!

11ª estación: JESÚS es clavado en la cruz

JESÚS Se entrega voluntariamente para ser clavado en la Cruz. Esto no sólo significa una renuncia total a Su libertad humana, sino la aceptación de otros dolores terribles. Acepta y no rechaza este sufrimiento.

Cuando nosotros somos acusados injustamente, fácilmente nos irritamos. La irritación siempre es falta de dominio personal. Quién se irrita, desciende de la Cruz y agrede al prójimo. En cambio, si uno derrama el agua de la oración humilde y crucificada sobre el asunto, ofreciendo la injusticia por la salvación de un alma perdida o de un sacerdote, imita a Cristo en Su Pasión: transforma el mal en un bien, la maldición en bendición.

(Silencio)

D – Uno solo es vuestro director, Cristo. El mayor entre vosotros, sea servidor de todos.

T – Porque el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado (Mateo 23,10ss).

Señor, danos la humildad y la caridad que aceptan la injusticia no en sí, sino como perjuicio personal, porque esto nos hace crecer mucho en la virtud y en la imitación de Tu vía crucis. Tu amor responde a la maldad con bondad, a la condenación con aceptación, al odio con resignación. Ayúdanos a pensar y actuar como Tú.

12ª estación: JESÚS muere en la cruz.

JESÚS expira en la Cruz, por amor, en una muerte expiatoria. Renunció a todo en este mundo, para vivir para los planos del Padre. La señal de perdición y de locura se hizo señal de sabiduría, amor y Redención.

Cada espina en el Corazón de JESÚS es una caminata apostólica para nosotros, un camino de reparación y de intercesión por el alma que la provoca. Con cada obra de expiación sacamos una espina de Su Corazón.

Imitar a Cristo significa: morir al pecado y a la propia voluntad. Cada renuncia de sí mismo y a su propia voluntad es un nuevo “sí” a la Cruz de Cristo. Tal renuncia hace más fructuosa nuestra vida a favor de los demás. En la Cruz siempre encontramos a Cristo. Es Él que nos da fuerza y perseverancia, es Él que nos fortalece en las cruces de la vida, es Él quien nos da nueva vida. Es muriendo que viviremos para siempre.

(Silencio)

D – Carguen sobre vosotros Mi yugo y aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y así hallaréis descanso para vuestras almas.

T – Porque Mi yugo es liviano, y Mi carga es ligera (Mt 11,29s).

Padre, en Tus manos entrego mi espíritu, mi cuerpo y mi alma, todo mi ser y actuar. En Ti encontraré reposo después del trabajo, paz en las tribulaciones, cura en los dolores, certeza en las dudas y luz en las tinieblas. Para Ti quiero vivir y morir. Amén.

13ª estación: JESÚS es bajado de la cruz.

JESÚS muerto en los brazos de María – ¡cuánto dolor y cuanto horror en un Cuerpo todo llagado de heridas! ¡Cuántos muertos hay en los brazos de madres – hijos asesinados o accidentados, hijos que se quitaron la vida o hijos que han muerto por una enfermedad incurable! Pero, ¡lo peor es la muerte de hijos asesinados por su madre, porque querían librarse de sus hijos, porque ellos le incomodaban!

Lágrimas de María Madre, ¡reparad los pecados de las madres!

(Silencio)

D –¡Vosotros todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor que me hiere!;

T – porque el Señor me ha afligido en el día de su ardiente ira (Lam 1,12).

Señor, la sangre de muchos niños inocentes clama al cielo, como en el tiempo de Herodes. ¡Ten piedad de todos los niños que sufren tales crímenes! ¡Ten piedad de las madres y de la humanidad! ¡Por Tu preciosísima Sangre, cura, sana, y repara tantos males, y presérvanos de nuevos pecados!

14ª estación: JESÚS es sepultado

Adaptándose a la suerte humana, JESÚS Se dejó sepultar: muerto, inmóvil, incapaz de moverse o de salir, Se sometió en todo a lo que los hombres quisieron hacer con Él. Cumplió Su deber hasta el fin; por eso: “Todo está consumado”.

También hoy JESÚS permanece en silencio, cuando muchos Lo ofenden gravemente con el espiritismo o la brujería, con irreverencias en relación a la Eucaristía, y tantos pecados que solamente Dios conoce.

(Silencio)

D – ¿Hasta cuándo fatigaré mi alma con cavilaciones, y mi corazón con tristezas cada día?

T – ¿Hasta cuándo habrá de prevalecer sobre mí el enemigo? (Sl 13,3).

Señor, Tu muerte en la Cruz fue una muerte expiatoria por nuestros pecados. Da a Tu Iglesia muchas almas reparadoras, y acepta todas nuestras oraciones, trabajos y sacrificios en expiación de todos los pecados que llevan a la perdición eterna. ¡Sálvanos a todos, Señor, por Tu infinita misericordia!