Súplica ardiente a los Santos Ángeles

(Con aprobación eclesiástica del Vicariato de Roma, 6 de febrero de 1997

P. Luigi Moretti Secretario General)

¡Dios Uno y Trino, Omnipotente y Eterno! ¡Antes de acudir a Tus siervos, los Santos Ángeles, para implorar su auxilio, nos postramos ante Tu presencia y Te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu Santo!

¡Alabado seas y glorificado por toda la eternidad! ¡Todos los Ángeles y los hombres que creaste Te adoren, Te amen y Te sirvan, Dios Santo, Fuerte, Inmortal!

¡Y tú, oh María, Reina de todos los Ángeles, acepta benigna los ruegos que les dirigimos a tus siervos y preséntalos al Altísimo, tú, que eres la omnipotencia suplicante, la medianera de las gracias, a fin de que obtengamos gracia, salvación y auxilio! Amén.

A vosotros, grandes y Santos Ángeles que Dios nos dio para nuestra protección y auxilio:

En nombre de Dios Uno y Trino, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por el santo Nombre de Jesús que todo lo puede, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por las llagas y heridas de Nuestro Señor Jesucristo, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por los martirios de Nuestro Señor Jesucristo, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por la santa Palabra de Dios, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre del amor que Dios tiene por nosotros, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de la fidelidad que Dios tiene con nosotros, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de la misericordia que Dios tiene con nosotros, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de María, la Reina de cielos y tierra, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de María, vuestra Reina y Señora, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

En nombre de María, Madre de Dios y Madre nuestra, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por vuestra propia bienaventuranza, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por vuestra propia fidelidad, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Por vuestra lucha en favor del Reino de Dios, os suplicamos,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Os lo suplicamos,

 – ¡Protegednos con vuestro escudo!

Os lo suplicamos,

 – ¡Defendednos con vuestra espada!

Os lo suplicamos,

 – ¡Iluminadnos con vuestra luz!

Os lo suplicamos,

 – ¡Salvadnos bajo el manto protector de María!

Os lo suplicamos,

 – ¡Guardadnos en el Corazón de María!

Os lo suplicamos,

 – ¡Confiadnos en las manos de María!

Os lo suplicamos,

 – ¡Mostradnos el camino que nos lleva a la puerta de la vida: el Corazón abierto de Nuestro Señor!

Os lo suplicamos,

 – ¡Conducidnos con seguridad a la Casa del Padre Celestial!

Vosotros, Nueve Coros de los Espíritus Bienaventurados,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

Vosotros, compañeros especiales que Dios nos dio,

 – ¡Apresuraos, socorrednos!

-Os suplicamos, ¡apresuraos, socorrednos!

La Sangre Preciosísima de Nuestro Señor y Rey se ha derramado por nosotros.

-Os suplicamos, ¡apresuraos, socorrednos!

El Corazón de Nuestro Señor y Rey late amorosamente por nosotros.

-Os suplicamos, ¡apresuraos, socorrednos!

El Corazón Inmaculado de María, la Virgen Purísima, vuestra Reina, palpita amorosamente por nosotros.

-Os suplicamos, ¡apresuraos en socorrernos!

Arcángel San Miguel

Príncipe de los Ejércitos Celestiales, vencedor del dragón infernal, recibiste de Dios la fuerza y el poder para aniquilar, por la humildad, la soberbia del príncipe de las tinieblas. Te suplicamos insistentemente nos alcances la verdadera humildad de corazón, la fidelidad inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios y fortaleza en el sufrimiento y en la prueba. Socórrenos para no desfallecer ante el trono de la justicia de Dios.

Arcángel San Gabriel

Ángel de la Encarnación, fiel mensajero de Dios, abre nuestros oídos para que estén atentos a las más leves advertencias y toques del Corazón de Nuestro Señor. Permanece siempre junto a nosotros, te suplicamos, para que comprendamos debidamente la Palabra de Dios, la sigamos y obedezcamos y cumplamos dócilmente aquello que Dios quiere de nosotros. Haz que estemos siempre disponibles y vigilantes para que el Señor, cuando llegue, no nos encuentre dormidos.

Arcángel San Rafael

Tú que eres lanza y bálsamo del Amor de Dios, hiere, te suplicamos, nuestro corazón con el Amor ardiente de Dios. Deja que nunca sane esta herida, para que perseve­remos cada día en el camino de la caridad y que todo venzamos por el amor.

 

¡Ayudadnos, santos y poderosos hermanos, siervos ante Dios!

– Defendednos de nosotros mismos, de nuestra cobardía y tibieza, de nuestro egoísmo y ambición, de nuestra envidia y desconfianza, de nuestras ansias de riqueza, bienestar y fama.

–   Desatadnos de las cadenas del pecado y del apego a las cosas temporales.

–   Quitadnos las vendas de los ojos, que nosotros mismos nos pusimos, para no tener que ver las necesidades de nuestro alrededor y poder así tranquilamente, ocuparnos y compade­cernos de nosotros.

–   Traspasad nuestro corazón con la santa ansiedad de Dios, para que no dejemos de buscarlo con ardor, contrición y amor.

–   Contemplad la Sangre del Señor derramada por nuestra causa.

–   Contemplad las lágrimas de vuestra Reina derramadas por nuestra causa.

–   Contemplad en nosotros la imagen de Dios, desfigurada por nuestros pecados, que Él por amor imprimió en nuestra alma.

–   Ayudadnos a conocer, adorar, amar y servir a Dios.

–   Ayudadnos en el combate contra el poder de las tinieblas que sutilmente nos rodea y acecha.

–   Ayudadnos para que ninguno se pierda y un día estemos reunidos en la eterna bienaventuranza! Amén.

Durante la novena, rezamos por la mañana la Súplica ardiente y a lo largo del día, invocamos a menudo a los Santos Ángeles.

–   San Miguel, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡Ayúdanos y ruega por nosotros!

–   San Gabriel, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡Ayúdanos y ruega por nosotros!

–   San Rafael, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡Ayúdanos y ruega por nosotros!