Letanías de la Pasión

Señor, ten piedad de nosotros.                   Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.          Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.                   Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.                                      Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.                              Jesucristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,                                    ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Dios Santo, trino y uno,
Jesús, Rey de la gloria, entrando en Jerusalén para consumar la obra de la redención,
Jesús, postrado ante Tu Padre en el Huerto de los Olivos, cubierto con los crímenes del mundo entero,
Jesús, abrumado de tristeza, puesto en agonía y sumergido en un océano de dolores,
Jesús, que sudaste sangre en abundancia por todos los po­ros de tu cuerpo,
Jesús, entregado por un apóstol pérfido y vendido a vil precio como un esclavo,
Jesús, arrastrado por las calles de Jerusalén y cargado de maldiciones,
Jesús, injustamente acusado y condenado,
Jesús, saturado de oprobios, manchado de esputos, herido de bofetadas,
Jesús, vestido con traje afrentoso y tratado de loco por la corte de Heredes,
Jesús, azotado, desgarrado a golpes y bañado en la propia Sangre,
Jesús, coronado de agudísimas espinas,
Jesús, tratado como rey de farsa,
Jesús, comparado con un criminal insigne a quien fuiste pospuesto,
Jesús, entregado a Pilatos por el encono de tus enemi­gos,
Jesús, agotado de dolores y desfalleciendo bajo el peso de la cruz,
Jesús, puesto en cruz entre dos malhechores,
Jesús, lleno de mansedumbre con los que te daban a beber hiel y vinagre,
Jesús, que rezabas por los verdugos y los defendías ante tu Padre,
Jesús, muerto en la cruz por amor nuestro,

Senos propicio, perdónanos, Señor.
Senos propicio, escúchanos, Señor.

De todo pecado, líbranos, Señor.
De una mala muerte,
De la condenación eterna,
Por tu agonía y sudor de sangre,
Por tu cruel flagelación,
Por tu corona de espinas,
Por tus cinco llagas,
Por tu muerte,
Por tu resurrección,
En el día del juicio,

Pecadores como somos, Te rogamos, óyenos.
Para que por tu Pasión aprendamos a conocer la enor­midad del pecado, por cuya causa has padecido,
Para que con la memoria de tus dolores y padeci­mientos soportemos con resignación las penas, las tribu­laciones, las enfermedades,
Para que de tu mano recibamos sin quejarnos humilla­ciones, desprecios, ofensas y persecuciones,
Para que a tu ejemplo soportemos los falsos testimo­nios y críticas injustas,
Para que, por la virtud de la santa Cruz triunfemos del demonio, del mundo y de la carne,
Para que pensemos con frecuencia, amor y agradecimiento en la Pasión,
Para que en la hora de la muerte nos fortalezcas por tu Pasión y muerte,
Para que por los méritos de tu cruz nos lleves a la gloria eterna,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos. Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos. Jesucristo, escúchanos.

Te adoramos, Cristo, y Te bendecimos.
Porque con Tu santa Cruz redimiste al mundo.

Señor, Jesús, que habiendo bajado del cielo, desde el seno del Padre, derramaste Tu preciosa Sangre en remisión de nuestros pecados; humildemente Te suplicamos que en el día del juicio estemos a Tu derecha y merezcamos oír de Tu boca estas palabras: “Venid, benditos de Mi Padre”. Así sea.